miércoles, 17 de febrero de 2010

LAS CARTAS DE BARONE. http://orlandobarone.blogspot.com

miércoles 17 de febrero de 2010
La Argentina feliz
Hay una Argentina feliz que aspira a emular a aquel “Mundo feliz” de Aldous Huxley. Ganar la felicidad a costa de la extinción de cosas espirituales inútiles. Esa Argentina no es una fantasía literaria sino que está lista y latente para ser consagrada. Y tiene cada vez más auspiciantes y voluntarios tocados por una afinidad feliz parecida a aquella de los profesantes de Waco o de Islandia. Es una Argentina fácil. Si no fuera por los gobiernos y sus fracasos ya la estaríamos disfrutando. La Argentina feliz lo primero que tendría que hacer es olvidar. Sí, basta de pasados y de culpas. Una feliz amnesia colectiva. Cada hijo con sus padres sin andar perdiendo tiempo con los ADN. Lo segundo sería considerar al campo como la patria y absolverlo de pagar retenciones y de andar escudriñándolo como si fuera el reino de los evasores. Y además si llueve mucho salir a subsidiar a los productores; si hay seca también; y si hay granizo más todavía. Y si el tiempo es normal subsidiarlo igual otorgándole créditos tan blandos y sin interés que en vez de poder comprarse una 4x4 para cada miembro de la familia van a poderse comprarse limousines largas como barcos. Y si llegara a inventarse, donarles la tecnología para que puedan manejar el sol y las lluvias y cosechar la soja con una manguera oceánica conectada a la China sin moverse de la cama. En fin: garantizarles que nunca jamás sus negocios dejarán de dar ganancias. Porque cualquier negocio puede perder pero el campo es sagrado. Tercero: volver a reinstalar en la Catedral y con gran fasto el Te Deum del 25 de mayo.
Y que en la fila de adelante se sienten el presidente y los funcionarios del Gobierno a recibir las filípicas del cardenal apostrofador de turno.
Por supuesto, limpiar y dejar transparente el Riachuelo; lógicamente indultando a las empresas contaminantes y arrasando todos los villeríos que contaminan sus orillas. Obviamente La Boca llena de conventillos destartalados sería una afrenta a demoler para prolongar Puerto Madero. En esa Argentina la inseguridad habría sido desterrada enterrando uno a uno, con sistemática eficacia, a todos los delincuentes que la producían. Un comité de hiper seguridad integrado por Blumberg, el rabino Bergman y expertos en pistolas compasivas Taser, serían sus auspiciantes. Para que esa Argentina feliz sea consagrada hay que terminar con los populismos, con los progresismos bla, bla, bla y con todos esos nostálgicos que se tatúan iconos fracasados en el cuerpo. Y dejar actuar libremente a los hacedores privados que saben cómo redistribuir las riquezas equitativamente. Un nuevo estilo de gobierno combinado entre gestores y técnicos avalados por los grandes medios hegemónicos sería suficiente. Jibarizar el Estado; emparedarlo para evitar que siga causando estropicios entre los argentinos decentes que escriben aleccionadoras y cristianas cartas de lectores . Restablecer la jerarquía del Banco Central por sobre el de la presidencia de la Nación y por fin, terminar con la hipocresía del manejo de los precios y dejarlos a consideración humanitaria de los mercados. Y de los frigoríficos. Y como broche de oro para alcanzar la Argentina feliz, terminar con el indiscriminado libertinaje de recibir cualquier inmigración extranjera. No crean que esto es una utopía. Utopía es la de Huxley. Aquí a cada rato pasan por los medios, ofreciéndose gratuitamente, los serviciales individuos que alientan el éxito de la Argentina feliz. Que no incluye, claro, el lastre de muchos argentinos. El que quiere felicidad que la pague.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 17 de Febrero de 2010 en Radio del Plata.

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martes 16 de febrero de 2010
Oposición psíquica

Si otro gobierno constitucional, de signo opositor, fuera consagrado al final de éste, el grave problema ya no sería su ideología sino su psiquismo. Porque luego de tanto tiempo juntando infundios, negruras y desprecios, y acumulando odios y rechazos, ninguna mente reclutada en ese estilo queda a salvo de ese estrago. Porque ni la enfermedad del ex presidente estimuló a la oposición a saludarlo aunque sea como cortesía social o protocolo. Nada. La Iglesia mandó un cura con aceites casi extremos por las dudas, sin medir que el paciente ya estaba sano. No quisiera sospechar que el cardenal Bergoglio lo deseaba grave. Y otros más feroces, en el cielo. Cuando Raúl Alfonsín estaba convaleciente, el actual gobierno lo respetaba y celebraba democráticamente. Hoy se plantean serias dudas para el futuro de opositores tan fanáticos. ¿Cómo recuperar el estado psíquico que les permita gobernar, si son sus propias víctimas de fobias intro- inyectadas durante todo el tiempo? Se van a quedar inválidos de tanto esperar que el gobierno no se mueva hasta que les toque el turno. Una oposición solo centrada en la pelea y el agravio, vilmente asociada a la traición de un vicepresidente al que se absuelve del engaño por conveniencia de campaña, y más desvergonzadamente asociada a los grandes medios hegemónicos para seguir teniendo donde actuar sus gesticulaciones republicanas y participar de entrevistas amañadas y fláccidas. ¿Podría ejercer positivamente un nuevo gobierno con tal carga negativa? Nadie vuelve de un síndrome de envidia y de impotencia de ocho años sin daños psíquicos y espirituales de recuperación incierta. Ese, y no el de si a este modelo le sucede otro antagónico, sería el dilema del país si se pasara de uno a otro gobierno. El disturbio psicológico que arrastra la oposición por su propia naturaleza antiK, que por historia y por osmosis se traslada a la actual presidenta, es una amenaza en si mismo. Dudo que a la oposición la pudiera aliviar un voto exitoso, como ya se ha probado recientemente. Y si su adicción a oponerse no se repara con alguna otra reacción de serenidad inteligente, su normalización es improbable. ¿Cómo saber qué fragmento del magma opositor le concierne a cada uno de los socios inestables que se presumen líderes de una trama, solidificada sólo temporalmente por la ofensiva hacia el gobierno? El riesgo sería otra vez sopa: sopa de vacilación, de falta de objetivos. ¿Hacia dónde ir? ¿Hacia qué dormidero de siesta mientras los rapiñeros se encargan de la rapiña y está ya listo el helicóptero? Y aunque el Estado haya logrado volver de las experiencias más duras, no luce adecuado desafiarlo a la reincidencia. Porque se puede estar en contra de muchas cosas. Y hasta se puede estar en contra de Dios si a cambio se opta por la adoración de otro credo. Es lícito, siempre que se sincere el criterio del Dios alternativo. Pero es insano para el cerebro estar en contra, solamente proponiendo la contra.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 16 de Febrero de 2010 en Radio del Plata.

martes, 16 de febrero de 2010

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martes 16 de febrero de 2010
Oposición psíquica

Si otro gobierno constitucional, de signo opositor, fuera consagrado al final de éste, el grave problema ya no sería su ideología sino su psiquismo. Porque luego de tanto tiempo juntando infundios, negruras y desprecios, y acumulando odios y rechazos, ninguna mente reclutada en ese estilo queda a salvo de ese estrago. Porque ni la enfermedad del ex presidente estimuló a la oposición a saludarlo aunque sea como cortesía social o protocolo. Nada. La Iglesia mandó un cura con aceites casi extremos por las dudas, sin medir que el paciente ya estaba sano. No quisiera sospechar que el cardenal Bergoglio lo deseaba grave. Y otros más feroces, en el cielo. Cuando Raúl Alfonsín estaba convaleciente, el actual gobierno lo respetaba y celebraba democráticamente. Hoy se plantean serias dudas para el futuro de opositores tan fanáticos. ¿Cómo recuperar el estado psíquico que les permita gobernar, si son sus propias víctimas de fobias intro- inyectadas durante todo el tiempo? Se van a quedar inválidos de tanto esperar que el gobierno no se mueva hasta que les toque el turno. Una oposición solo centrada en la pelea y el agravio, vilmente asociada a la traición de un vicepresidente al que se absuelve del engaño por conveniencia de campaña, y más desvergonzadamente asociada a los grandes medios hegemónicos para seguir teniendo donde actuar sus gesticulaciones republicanas y participar de entrevistas amañadas y fláccidas. ¿Podría ejercer positivamente un nuevo gobierno con tal carga negativa? Nadie vuelve de un síndrome de envidia y de impotencia de ocho años sin daños psíquicos y espirituales de recuperación incierta. Ese, y no el de si a este modelo le sucede otro antagónico, sería el dilema del país si se pasara de uno a otro gobierno. El disturbio psicológico que arrastra la oposición por su propia naturaleza antiK, que por historia y por osmosis se traslada a la actual presidenta, es una amenaza en si mismo. Dudo que a la oposición la pudiera aliviar un voto exitoso, como ya se ha probado recientemente. Y si su adicción a oponerse no se repara con alguna otra reacción de serenidad inteligente, su normalización es improbable. ¿Cómo saber qué fragmento del magma opositor le concierne a cada uno de los socios inestables que se presumen líderes de una trama, solidificada sólo temporalmente por la ofensiva hacia el gobierno? El riesgo sería otra vez sopa: sopa de vacilación, de falta de objetivos. ¿Hacia dónde ir? ¿Hacia qué dormidero de siesta mientras los rapiñeros se encargan de la rapiña y está ya listo el helicóptero? Y aunque el Estado haya logrado volver de las experiencias más duras, no luce adecuado desafiarlo a la reincidencia. Porque se puede estar en contra de muchas cosas. Y hasta se puede estar en contra de Dios si a cambio se opta por la adoración de otro credo. Es lícito, siempre que se sincere el criterio del Dios alternativo. Pero es insano para el cerebro estar en contra, solamente proponiendo la contra.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 16 de Febrero de 2010 en Radio del Plata.

lunes, 15 de febrero de 2010

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lunes 15 de febrero de 2010
El pecado de la carne, la concupiscencia del sushi

La inflación inflaciona, lo que inflaciona se infla y lo que se infla se desinfla. Aunque algunos soplan para ver si revienta. La carne es la carne. No es el sushi. Y por algo cuando aumenta de precio nos cunde un pavor de impotencia. No hay hierba, no hay legumbre, no hay sucedáneo que compensen el escarnio de tener que amenguar su consumo.
Y por más que los dietólogos y el colesterol malo desalientan la tentación de la carne de vaca, no hay pollo, no hay cordero ni pescado ni chancho que valgan. Porque la única carne que es auténtica carne no es la que bala o la que pía, la que relincha o la que croa, ni la que chilla. Es la que muge. Si en la India existen las intocables vacas sagradas, en la Argentina es al revés, los sagrados son los que las comen. Y si no se sienten desnutridos aunque estén gordos como productor de campo.
Cuando aquellos conquistadores ladrones, malacostumbraron a las vacas y los toros a las pampas silvestres inauguraron nuestro mayor placer y nuestro mayor pecado: el de la carne. Y a la par la angurria ganadera y la conducta que la instiga.
Ya en el poema antirrosista, “El matadero”, Esteban Echeverría nos retrataba como barras bravas brutales; draculizados y sanguinolentos de vísceras y entrañas. A su vez Borges describe a la carnicería del barrio “como una afrenta de la calle./ Sobre el dintel/ una ciega cabeza de vaca/ preside el aquelarre/ de carne charra y mármoles finales/ con la remota majestad de un ídolo”. /
Las góndolas de los supermercados, menos bestiales, no paran de gotear hilos de sangre y grasa a través del envase. No es casual que el cine argentino haya filmado “Carne” con Isabel Sarli como inolvidable ícono nutricio.
Y que al comenzar el siglo veintiuno nuestro derrumbe bancario inventara el “corralito”. El nuevo cuco es la inflación asociada a la carne. No es que no haya algo cierto, pero también es cierto que no es igual aquella inflación con la mitad del país sin un hueso para el caldo, que hoy en que solo debe optar suspender el cuadril por la falda. No es igual aquella inflación con plata falsa que esta inflación con plata genuina. No es igual aquella inflación sobre el hambre, que esta inflación sobre el consumo. No es igual la inflación con desempleo y ajuste que con trabajo y actualización de salarios.
Los grandes medios inflacionan la inflación y nos refriegan tiras de asado y bifes anchos como utopías cada vez más distantes. Toda la Argentina es estrujada en el forzado casillero de la carne y todos los argentinos somos juzgados como adictos incontinentes, porque aumenta el ojo de bife. Nos tratan como idiotas carnívoros incapaces de deducir desde qué lugar de estómagos saciados se nos amenaza con la carne. No esperéis de los productores ni los ganaderos la filantropía de que si los dejan hacer y cambia el gobierno y se lleva bien con los cuatro jinetes gauchos del apocalipsis, nos van a traer la carne delivery al galope, a precio de oferta. Lo que nos van a traer son grumos de soja de la que no les compran los chinos para los chanchos.
Déjense de inflar. No nos corran con la carne mientras se atragantan de guita y de sushi.

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sábado 13 de febrero de 2010
Ex abrupto sin ton ni son solo para los íntimos

Volví. No me esperó una banda de música ni un coro salesiano. Apenas pisé Ezeiza el remisero me puso a Ari Paluch y ya en el supermercado Coto de la vuelta de casa una señora con cara de cacerola se me arrimó en la góndola para mascullar ante un trozo de vacío: "¿Qué precio! Es lo caro que nos salen los kirchneristas". La miré como quien sigue sorprendiéndose de los banales rencores a que puede llegar la condición humana.
En estos días me hice tienpo para leer esta espontánea marea de opiniones. Qué universo.
Qué diferencia y variedad comparado a la monotonía monopólica de los colegas puros e independientes de los grandes medios, y qué eclecticismo de reacciones comparadas a las llamantes llameantes que llaman a las radios a protestar por la levedad e inocuidad de la carótida, y porque la inflación terribilísima vació los lugares de veraneo, canceló los autos en
los garages, canceló los asados y hasta canceló la vocación humanitaria para adoptar niños haitianos que son un primor ¿viste?.
Leí aquí más cosas inteligentes y mejores análisis que los que leí en los grandes medios mediocres y también leí las pelotudeces e hijaputeces que también leí y escuché de tantos ex colegas, que igual que los animales que nacen en cautiverio creen que los libres son ellos en sus jaulas y acuarios y no los que están afuera disparados a su ignorancia, su arbitrio, su colonialismo o
sus ganas sensatas o insensatas.
Me gustó cómo se coló la literatura. Hay que tener cuidado con la presuntuosidad crítica: cualquier visitante a la catedral de Notre Dames por ahí cree descubrir una falla en la arquitectura gótica de la ojiva este del corredor lateral.
Acerca de San Pablo y de Brasil no tengo nada que decir. Me dijeron que es una geografía de más de ocho millones de kilómetros cuadrados y de casi 200 millones de habitantes. Entre mis parientes de allá, los choferes de taxi, los camareros y los amigos que conocí no suman ochenta y ocho. Para conocer a los brasileños me falta.
Volví. Pero si nunca me fui, si siempre estoy llegando.
Ah, si los hados me son propicios el lunes escribo mi carta.

Saludos
Orlando

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viernes 5 de febrero de 2010
Ya vuelvo

Hasta el viernes 12 estaré ausente. Viajaré unos días a San Pablo, Brasil, a visitar a mi hermana y parte de la familia. Descansaré, pasearé, leeré, visitaré cada tanto la red, y casi sin darme cuenta estaré aquí escribiendo mi carta abierta del viernes 12 y si no llego a tiempo, la del lunes 15.
Naturalmente cambié en caja legal quinientos dólares y quinientos reales. Espero no haya alguien de la oposición ética que lo considere un furtivo tráfico de moneda extranjera.

Además, a mi hermana le llevo entre otros regalos discos de Mercedes Sosa y de Adriana Varela.

Ya vuelvo
Orlando

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jueves 4 de febrero de 2010
El dólar, el enigma insondable argentino

Cuando se habla del misterio del dólar en la Argentina es como cuando ante un quemado con leche hirviendo se habla de una vaca. El quemado tiembla.
Acuérdense de aquella imagen del año 2001, previo al colapso. Fue una imagen furtiva pero real y sucedía en el aeropuerto de Ezeiza. Filas de camiones de caudales cargados con millones de dólares se detenían ante los Boeing que partían para Europa o los Estados Unidos y empezaban a descargarlos en las bodegas.
Eran dólares que partían sin pasaje de regreso. No hablo ya del prorrateo de dólares delivery de casas de cambio y de arbolitos. Drenaje de goteo poco significante; sino del traspaso y transferencias de miles de millones de dólares de grupos financieros y corporaciones poniendo sus bienes a resguardo en plazas más felices. Y a salvo del marasmo.
Nadie supo nunca oficialmente quiénes fueron los que se afanaron gran parte del tesoro del trabajo y la plusvalía argentinas sin registro aduanero. Ni adónde se fueron aquellos camiones de caudales, a qué islas caimán o bananera se deslizaron las transferencias virtuales de cuantiosas ganancias de empresas hegemónicas y privadísimas.
Ignoramos si algunos de los aspirantes a presidente y a ministro de economía fueron parte activa del saqueo permitido por el libre mercado.
La devaluación de 2002 hizo aterrizar a la mayoría de los trabajadores argentinos en los patacones y las ferias del trueque, en la disfunción y el desempleo.
Pero ¡oh!, milagrosamente, logró que empresas colosales endeudadas recobraran su salud como si nada y reivindicaran sus patrimonios ya lejos del naufragio por un mágico pase de magia. Los grandes medios de comunicación celebraron el socorro mientras en las calles las gentes rogaban por socorro.
Nadie cantaba entonces las cartas que tenía; pero hasta en las clases medias prósperas del “uno a uno” se hablaba de cuentas secretas o de transferencias a través de banquitos clandestinos off shore.
Ese cuantioso enigma dolarizado consumía, como la sombra de un cadalso, el desorientado insomnio y el consecuente empobrecimiento argentino. La cifra de dólares fugitivos- según quien haga la cuenta- habla de sumas de decenas de miles de millones. ¿Cuánto de todo eso se llevaron de viaje los ideólogos del “crack”, que ahora se espantan por una suma que comparada a aquella es de bolsillo de chaleco?
El dólar ya no se salta como el riesgo país como un torturado por el electroshock. Está ahí moviéndose de a centavito en sube y baja. Ningún rapaz de alto voltaje puede traficar con la devaluación ni con el informe subrepticio como se hizo en el Rodrigazo, o cuando abortó el plan Austral, o cundió la hiperinflación de hace una década, o como cuando el gobierno de Duhalde se sinceró resignado a los grupos financieros y tuvo la precaución de compadecer a los damnificados ya agonizantes con la limosna del subsidio, para que no salieran a linchar a los corsarios de la City.
El enigma del dólar no pasa como nos quieren hacer creer por ninguna valija. Ni menos por una suma opinable pero declarada. Respetemos las leyes de las proporciones. Porque cada verano Punta del Este está colmada de argentinos que seguramente en los sondeos son quienes más heridos se sienten por que otros compran dólares. Toman sol, apuestan en el Conrad cuatro millones diarios, y hablan de ética cambiaria. Cada temporada se derraman allá más de mil millones de dólares argentinos. Los uruguayos son nuestros hermanos, pero no los devuelven.

Carta leìda el 4 de febrero de 2010 por Radio del Plata