sábado 13 de febrero de 2010
Ex abrupto sin ton ni son solo para los íntimos
Volví. No me esperó una banda de música ni un coro salesiano. Apenas pisé Ezeiza el remisero me puso a Ari Paluch y ya en el supermercado Coto de la vuelta de casa una señora con cara de cacerola se me arrimó en la góndola para mascullar ante un trozo de vacío: "¿Qué precio! Es lo caro que nos salen los kirchneristas". La miré como quien sigue sorprendiéndose de los banales rencores a que puede llegar la condición humana.
En estos días me hice tienpo para leer esta espontánea marea de opiniones. Qué universo.
Qué diferencia y variedad comparado a la monotonía monopólica de los colegas puros e independientes de los grandes medios, y qué eclecticismo de reacciones comparadas a las llamantes llameantes que llaman a las radios a protestar por la levedad e inocuidad de la carótida, y porque la inflación terribilísima vació los lugares de veraneo, canceló los autos en
los garages, canceló los asados y hasta canceló la vocación humanitaria para adoptar niños haitianos que son un primor ¿viste?.
Leí aquí más cosas inteligentes y mejores análisis que los que leí en los grandes medios mediocres y también leí las pelotudeces e hijaputeces que también leí y escuché de tantos ex colegas, que igual que los animales que nacen en cautiverio creen que los libres son ellos en sus jaulas y acuarios y no los que están afuera disparados a su ignorancia, su arbitrio, su colonialismo o
sus ganas sensatas o insensatas.
Me gustó cómo se coló la literatura. Hay que tener cuidado con la presuntuosidad crítica: cualquier visitante a la catedral de Notre Dames por ahí cree descubrir una falla en la arquitectura gótica de la ojiva este del corredor lateral.
Acerca de San Pablo y de Brasil no tengo nada que decir. Me dijeron que es una geografía de más de ocho millones de kilómetros cuadrados y de casi 200 millones de habitantes. Entre mis parientes de allá, los choferes de taxi, los camareros y los amigos que conocí no suman ochenta y ocho. Para conocer a los brasileños me falta.
Volví. Pero si nunca me fui, si siempre estoy llegando.
Ah, si los hados me son propicios el lunes escribo mi carta.
Saludos
Orlando
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