lunes 30 de noviembre de 2009
Por más sombras que le tiren, el país no se ennegrece.
No sé por qué los argentinos ya no se van del país en masa como antes. Y por qué la televisión ya no se deleita mostrando las colas de emigrantes en la puerta de los consulados y embajadas. Y no solo los argentinos ya no se van- salvo de vacaciones- sino que vienen a Palermo Soho los norteamericanos y nuestra población aumenta cada día. Y eso es lo raro. Porque si uno escucha y lee las noticias, este es un país con más muertes que vida. Y sin embargo no hay éxodos ni caravanas partiendo al exilio. Y además se construyen cada vez más barrios abiertos y cerrados; y hasta en las villas de emergencia se levantan chozas de tres pisos que los diarios delatan como signo de usurpación y barbarie. Y aunque se dice que aquí los delincuentes matan por matar, no como en otras partes que matan por motivos intelectuales, la gente no se recluye debajo de las camas, no: sale de sus casas sin chaleco antibalas ni guardaespaldas y los abuelos llevan a los niños a la plaza. Mientras tanto, en la pantalla, todos lloran eternamente desconsolados y claman ojo por ojo; pero el televidente cambia de canal para mirar a Tinelli y reirse y de seguir así acabará riéndose de los noticieros y de sus relatores más que de los comediantes. No sé por qué se siguen llenando los teatros y los cines y los recitales. De dónde la gente saca la plata. Ni por qué ante tanta amenaza exista el deseo de sentarse a las mesas de los bares en las veredas, donde aparte del riesgo de los motoqueros chorros la consumición es más cara. Será que la gente es temeraria y suicida, y por eso también pasea de noche con autos caros sabiendo que la pueden ametrallar en cualquier esquina. Y que ninguna ambulancia va a llegar a tiempo porque el Estado no las surte de nafta, ya que los surtidores se vacían llenando el tanque del avión que va al Calafate. No sé por qué no hay, como antes, compradores de dólares desesperados en las agencias de cambio, y eso que dicen que la economía está al borde del colapso. Aunque el riesgo país cada vez más bajo los desmienta. Tampoco sé por qué , si como dicen, gobierna una dictadura que persigue al periodismo, cualquier profesional o amateur dice y escribe del gobierno la injuria y la mentira que se le da la gana. Y menos sé por qué las parejas siguen teniendo hijos; y hasta se empeñan en ser fertilizadas con embriones argentinos mientras oyen y leen que el país es una porquería. No sé por qué si se dice que el gobierno roba a “troche y moche”- y todavía más de lo que nadie imagina , ya que se roban hasta las almas - tiene todavía plata para los seis millones de chicos de la asignación universal, para que cinco millones de jubilados cobren un beneficio extraordinario, y para que se paguen los salarios con plata y no con moneda inválida. No sé por qué si dicen que se va a cortar el suministro eléctrico y el país será igual que el planeta cuando aún no se había creado la luz, la gente- aún modesta- suda por comprar aparatos de aire acondicionado y agota su existencia. No sé por qué se dice que la democracia está rota, si nunca como hoy los legisladores han participado tanto institucionalmente, que ya aburridos de ver salir leyes abandonan sus bancas opositoras para pavonearse en los medios donde se sienten mejor que en el Congreso. Vivimos entre una irrealidad mediática y una realidad argentina. Y no sé por qué. Si bastaría un destello real de la razón, para iluminar la delirante oscuridad falsa.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 30 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
lunes, 30 de noviembre de 2009
LAS CARTAS DE BARONE. http://orlandobarone.blogspot.com
viernes 27 de noviembre de 2009
El deseo del año
Ya no la foto del año. Ni el personaje ni el escándalo. Tampoco la película, la canción, la modelo o el mediático del año. Hay toda una historia de balances que frecuentan estos géneros. Así se eligen el chiste o el blooper del año. O la tragedia. Elegir el piquetero, el huelguista y el fascista del año no es original dado que, aparte de Castells, hay muchos con chances. Otra nominación sería el niño delincuente del año. Algún criminal pequeño con mucho paco y cara de desalmado incorregible. O el padre vengativo del año: un padre deudo dispuesto a matar la muerte al voleo entre gente morocha. Aún no hay consenso en cómo elegir la crónica policial del año: si como ficción realista o como realismo mágico. El llanto del año va a costar: ¿cómo distinguir a los que lloran públicamente desde el dolor de quienes lloran por espectáculo? Un nuevo rubro sería el de espía del año. Un espía espiado erróneamente. Elegir el error del año situaría la elección en la ciudad de Buenos Aires. Que de Reina del Plata pasó a ser reina del error. Aunque según se ha visto un error de múltiple espionaje es comparable a un trivial error en la poda de árboles. Bueno, también se podría escoger la valija del año. La duda es el origen y remitente : si la valija es de la república bolivariana, de la Casa Rosada o de la cabaña del tío Tom. Para mí que el remitentes está en la cabaña. ¿Y que tal elegir el pase del año? Sí el del fútbol: que pasó del monopolio Clarín al colectivo público gratis. El ex dueño expropiado y enfurecido, si pudiera aboliría la pelota. Elegir el deseo del año no es fácil. Porque no hay ciencia que mida los deseos. Dáse por sentado que el sexual es un deseo indiscriminadamente repartido a la marchanta desde hace tanto tiempo, que elegir el del año requeriría un plebiscito del género humano. Pero sí sería interesante, y hablaría mucho de esta época , elegir el deseo “destituyente” del año. Es un deseo reciclado, que ahora luce como nuevo. Y con más leve rango antidemocrático que el golpismo bruto de uniforme. Mal deseo últimamente asociado a cacerolas de teflón, a tractorazos y a cierto desenfrenado abuso del poncho, la escarapela y el himno. También se lo disputarían , haciendo aspavientos, quienes desean con el deseo todavía cargado con la rémora que les quedó desde el uno a uno hasta el Corralito. Y pasando sin enterarse delante de los años de crímenes de Estado y secuestro de niños. El destituyente es un deseo amnésico. Disfuncional e impotente. Ningún argentino- consciente o inconsciente- se merece sentirlo. Pero se siente. Y sobran conspiradores.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 27 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
El deseo del año
Ya no la foto del año. Ni el personaje ni el escándalo. Tampoco la película, la canción, la modelo o el mediático del año. Hay toda una historia de balances que frecuentan estos géneros. Así se eligen el chiste o el blooper del año. O la tragedia. Elegir el piquetero, el huelguista y el fascista del año no es original dado que, aparte de Castells, hay muchos con chances. Otra nominación sería el niño delincuente del año. Algún criminal pequeño con mucho paco y cara de desalmado incorregible. O el padre vengativo del año: un padre deudo dispuesto a matar la muerte al voleo entre gente morocha. Aún no hay consenso en cómo elegir la crónica policial del año: si como ficción realista o como realismo mágico. El llanto del año va a costar: ¿cómo distinguir a los que lloran públicamente desde el dolor de quienes lloran por espectáculo? Un nuevo rubro sería el de espía del año. Un espía espiado erróneamente. Elegir el error del año situaría la elección en la ciudad de Buenos Aires. Que de Reina del Plata pasó a ser reina del error. Aunque según se ha visto un error de múltiple espionaje es comparable a un trivial error en la poda de árboles. Bueno, también se podría escoger la valija del año. La duda es el origen y remitente : si la valija es de la república bolivariana, de la Casa Rosada o de la cabaña del tío Tom. Para mí que el remitentes está en la cabaña. ¿Y que tal elegir el pase del año? Sí el del fútbol: que pasó del monopolio Clarín al colectivo público gratis. El ex dueño expropiado y enfurecido, si pudiera aboliría la pelota. Elegir el deseo del año no es fácil. Porque no hay ciencia que mida los deseos. Dáse por sentado que el sexual es un deseo indiscriminadamente repartido a la marchanta desde hace tanto tiempo, que elegir el del año requeriría un plebiscito del género humano. Pero sí sería interesante, y hablaría mucho de esta época , elegir el deseo “destituyente” del año. Es un deseo reciclado, que ahora luce como nuevo. Y con más leve rango antidemocrático que el golpismo bruto de uniforme. Mal deseo últimamente asociado a cacerolas de teflón, a tractorazos y a cierto desenfrenado abuso del poncho, la escarapela y el himno. También se lo disputarían , haciendo aspavientos, quienes desean con el deseo todavía cargado con la rémora que les quedó desde el uno a uno hasta el Corralito. Y pasando sin enterarse delante de los años de crímenes de Estado y secuestro de niños. El destituyente es un deseo amnésico. Disfuncional e impotente. Ningún argentino- consciente o inconsciente- se merece sentirlo. Pero se siente. Y sobran conspiradores.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 27 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
LAS CARTAS DE BARONE. http://orlandobarone.blogspot.com
miércoles 25 de noviembre de 2009
En la televisión los necios nunca paran
El actor Damián de Santo trató de necia a Mirtha Legrand porque esta no lo entendió en un tema de familia y diván. La trasgresión de ese gesto desairó a la diva más desairante. De ordinario sentarse a su mesa sobrecarga a un invitado con la necia genuflexión del vasallo ante una supuesta reina plebeya. Tontería que se diga, tontería que se comparte. En la mesa de Legrand hubo contadas insurrecciones verbales, en su mayor parte por diferencias politicas: las de Cecilia Rosetto, Lito Cruz, Jorge Lafauci, Raúl Rizzo y Carlos Rottemberg, entre otros. Pero lo corriente es que el visitante se incline, aún a costa de rendir sus principios, a la hipócrita necedad de un momento. Necedad viene de “necia”: bella palabra que corresponde a un estado cognitivo. Algunos famosos, dada su exposición preferencial, se llevan porcentajes récords de ese atributo. La versión moderna de necio sería pelotuda/o. Su significado es fácil y remite a alguien que con tanto peso tarda en moverse. Necio es más precisa: señala al papanatas que no sabe y aún así se expresa imprudentemente. El necio- mujer o varón- es insolente. No sabe y opina de eso que no sabe. Y ni siquiera se preocupa de saber que no sabe. De todos modos la necedad es la etapa elegante de la pelotudez. Su orígen es el latín “Necius”: lo contrario de saber. Aquel que carece de entendederas. No seas pelotudo; no seas boludo; no seas necio. Boludo es más actual: Isidoro Blaisten le dedicó una bellísima balada cantada tan bien por Gian Franco Pagliaro. Hay una novela póstuma “La conspiración de los necios” del norteamericano John Kennedy Toole, quien se suicidó a los 32 años desalentado por la necedad de los editores que lo negaban.
En sus páginas Toole crea un personaje- Ignatius Relly- un gordinflón que aspira a que la moral medieval vuelva a reinar en el mundo. Nada que ver con Bergoglio ni con Bergman ni con “Tradición, familia y propiedad”. El autor- quien ganó el premio Pulitzer ya sepultado- se inspiró para el título en su admirado Jonathan Swift. Este decía que “cuando un verdadero genio aparece en el mundo lo reconoceremos porque todos los necios se conjuran contra él”. Últimamente es desde la televisión exitosa de donde salen los necios que se conjuran. Su objetivo es acabar con el Mal con un dedito admonitor y un mensaje crispado de estrellas torpes, que cuando hablan de más se apagan. Hay un viejo chiste que dice: “un necio poliglota dice necedades en varias lenguas”. O en varios programas. Hay muchos estudios sobre la influencia que causa la televisión en los telespectadores. Conocemos las graciosas y desgraciadas consecuencias que causó en Chance Gardiner, el personaje de “Desde el jardín”, mirar la pantalla sin parar. “La delicada materia de que estaba dotado su cerebro- escribe Jerzy Kosinski- la televisión la había dañado para siempre”. Se sabe bastante de esos efectos. Pero lo que aún no se sabe es qué consecuencias produce la televisión en aquellos a los que convierte en estrellas. Por qué tantos ídolos triunfadores y ricos se comportan como necios. La pregunta es ésta: ¿Acaso la necedad será el alto costo de tener éxito? ¿O es que se tiene tanto éxito por tener tanta necedad? De Santo puso el dedo en la llaga. La necedad no escucha, habla.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 25 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
En la televisión los necios nunca paran
El actor Damián de Santo trató de necia a Mirtha Legrand porque esta no lo entendió en un tema de familia y diván. La trasgresión de ese gesto desairó a la diva más desairante. De ordinario sentarse a su mesa sobrecarga a un invitado con la necia genuflexión del vasallo ante una supuesta reina plebeya. Tontería que se diga, tontería que se comparte. En la mesa de Legrand hubo contadas insurrecciones verbales, en su mayor parte por diferencias politicas: las de Cecilia Rosetto, Lito Cruz, Jorge Lafauci, Raúl Rizzo y Carlos Rottemberg, entre otros. Pero lo corriente es que el visitante se incline, aún a costa de rendir sus principios, a la hipócrita necedad de un momento. Necedad viene de “necia”: bella palabra que corresponde a un estado cognitivo. Algunos famosos, dada su exposición preferencial, se llevan porcentajes récords de ese atributo. La versión moderna de necio sería pelotuda/o. Su significado es fácil y remite a alguien que con tanto peso tarda en moverse. Necio es más precisa: señala al papanatas que no sabe y aún así se expresa imprudentemente. El necio- mujer o varón- es insolente. No sabe y opina de eso que no sabe. Y ni siquiera se preocupa de saber que no sabe. De todos modos la necedad es la etapa elegante de la pelotudez. Su orígen es el latín “Necius”: lo contrario de saber. Aquel que carece de entendederas. No seas pelotudo; no seas boludo; no seas necio. Boludo es más actual: Isidoro Blaisten le dedicó una bellísima balada cantada tan bien por Gian Franco Pagliaro. Hay una novela póstuma “La conspiración de los necios” del norteamericano John Kennedy Toole, quien se suicidó a los 32 años desalentado por la necedad de los editores que lo negaban.
En sus páginas Toole crea un personaje- Ignatius Relly- un gordinflón que aspira a que la moral medieval vuelva a reinar en el mundo. Nada que ver con Bergoglio ni con Bergman ni con “Tradición, familia y propiedad”. El autor- quien ganó el premio Pulitzer ya sepultado- se inspiró para el título en su admirado Jonathan Swift. Este decía que “cuando un verdadero genio aparece en el mundo lo reconoceremos porque todos los necios se conjuran contra él”. Últimamente es desde la televisión exitosa de donde salen los necios que se conjuran. Su objetivo es acabar con el Mal con un dedito admonitor y un mensaje crispado de estrellas torpes, que cuando hablan de más se apagan. Hay un viejo chiste que dice: “un necio poliglota dice necedades en varias lenguas”. O en varios programas. Hay muchos estudios sobre la influencia que causa la televisión en los telespectadores. Conocemos las graciosas y desgraciadas consecuencias que causó en Chance Gardiner, el personaje de “Desde el jardín”, mirar la pantalla sin parar. “La delicada materia de que estaba dotado su cerebro- escribe Jerzy Kosinski- la televisión la había dañado para siempre”. Se sabe bastante de esos efectos. Pero lo que aún no se sabe es qué consecuencias produce la televisión en aquellos a los que convierte en estrellas. Por qué tantos ídolos triunfadores y ricos se comportan como necios. La pregunta es ésta: ¿Acaso la necedad será el alto costo de tener éxito? ¿O es que se tiene tanto éxito por tener tanta necedad? De Santo puso el dedo en la llaga. La necedad no escucha, habla.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 25 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
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lunes 23 de noviembre de 2009
Confesiones erróneas
Espero no errar si afirmo que confesar el error una vez descubierto no es una confesión sino una resignación tardía. Hace poco más de dos mil años Lucio Séneca, uno de los más famosos filósofos romanos dejó ese axioma latino que hoy se repite sin necesidad de citar al autor: “Errare humanum est”. Errar es humano. Hace poco brincaba por ahí una canción de un grupo llamado Soziedad alkohólika, en cuyo estribillo dice: “Los errores son humanos, y algunos humanos son sólo un error. Algunos humanos son sólo un error”. Desconozco que proporción de la humanidad entra en ese rubro, pero no parece haber pocos. El problema del error es que cuando se descubre ya está hecho. Un error nunca es anterior a su efecto. Ya cometido el crimen surge la consideración del error, según quien lo califique. Lo maté por error. El “matado” lo lamenta pero sin resultado de volver a la vida. Desde tiempos remotos la filosofía se puso a pensar sobre el error como el acto de confundir la apariencia de la verdad con la verdad misma. Digamos, la apariencia de la eficiencia policial con la verdad de proteger a la sociedad, paradójicamente controlándola y fisgoneándola. La Iglesia es más práctica, por eso lo que el Dogma dice es infalible. El Papa no yerra. No falla. Al contrario, en la gestión Macri fallar es lo correcto. La culpa es de un mal pálpito. Es que el error se ha convertido en una de las nuevas sofisticaciones culturales de esta ciudad sofisticada. Y es Mauricio Macri quien lo ha consagrado en estos días. Ya que reconoce su error de haber confiado en un gran policía que a su vez erró involuntariamente. Todos cometemos errores y para eso están su corrección y el arrepentimiento. O la purga en la justicia. Y también está que los demás no se den cuenta. Rodríguez Larreta dice que a la gente no le importan los espías sino las cosas que importan. Ignoro cada vez más como somos los porteños; así que no sé si pensamos que es una pena que se haya revelado el error en vez de haberse mantenido hipócritamente en reserva. La revelación estropeó el éxito del espionaje, pero la estrategia de reconocerlo aspira a absolverlo pasando por alto la inmoralidad y corrupción que el acto demuestra. Incluyendo el abuso privado de espías de sueldo público para íntimos trabajos de familia. El impulso motivador del error tiene su carga política, que no es neutra. Su hinchada tampoco yerra por error. Con esa carga, que es parte de la naturaleza del PRO, la latencia del error se mantiene. Los próximos errores son inminentes. Y se verá si el público porteño los enjuicia o los alienta. Macri quizás calcula que no hay error que por bien no venga. También debería calcular si el error no es él mismo en el gobierno.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 23 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
Confesiones erróneas
Espero no errar si afirmo que confesar el error una vez descubierto no es una confesión sino una resignación tardía. Hace poco más de dos mil años Lucio Séneca, uno de los más famosos filósofos romanos dejó ese axioma latino que hoy se repite sin necesidad de citar al autor: “Errare humanum est”. Errar es humano. Hace poco brincaba por ahí una canción de un grupo llamado Soziedad alkohólika, en cuyo estribillo dice: “Los errores son humanos, y algunos humanos son sólo un error. Algunos humanos son sólo un error”. Desconozco que proporción de la humanidad entra en ese rubro, pero no parece haber pocos. El problema del error es que cuando se descubre ya está hecho. Un error nunca es anterior a su efecto. Ya cometido el crimen surge la consideración del error, según quien lo califique. Lo maté por error. El “matado” lo lamenta pero sin resultado de volver a la vida. Desde tiempos remotos la filosofía se puso a pensar sobre el error como el acto de confundir la apariencia de la verdad con la verdad misma. Digamos, la apariencia de la eficiencia policial con la verdad de proteger a la sociedad, paradójicamente controlándola y fisgoneándola. La Iglesia es más práctica, por eso lo que el Dogma dice es infalible. El Papa no yerra. No falla. Al contrario, en la gestión Macri fallar es lo correcto. La culpa es de un mal pálpito. Es que el error se ha convertido en una de las nuevas sofisticaciones culturales de esta ciudad sofisticada. Y es Mauricio Macri quien lo ha consagrado en estos días. Ya que reconoce su error de haber confiado en un gran policía que a su vez erró involuntariamente. Todos cometemos errores y para eso están su corrección y el arrepentimiento. O la purga en la justicia. Y también está que los demás no se den cuenta. Rodríguez Larreta dice que a la gente no le importan los espías sino las cosas que importan. Ignoro cada vez más como somos los porteños; así que no sé si pensamos que es una pena que se haya revelado el error en vez de haberse mantenido hipócritamente en reserva. La revelación estropeó el éxito del espionaje, pero la estrategia de reconocerlo aspira a absolverlo pasando por alto la inmoralidad y corrupción que el acto demuestra. Incluyendo el abuso privado de espías de sueldo público para íntimos trabajos de familia. El impulso motivador del error tiene su carga política, que no es neutra. Su hinchada tampoco yerra por error. Con esa carga, que es parte de la naturaleza del PRO, la latencia del error se mantiene. Los próximos errores son inminentes. Y se verá si el público porteño los enjuicia o los alienta. Macri quizás calcula que no hay error que por bien no venga. También debería calcular si el error no es él mismo en el gobierno.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 23 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
sábado, 21 de noviembre de 2009
MI MENSAJE. Eva Perón
"En estos últimos tiempos, durante las horas de mi enfermedad, he pensado muchas veces en este mensaje de mi corazón.
Quizás porque en "La Razón de mi Vida" no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso, tengo que escribir otra vez.
He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no porque yo lo necesite. No. Mejor sería acaso para mí que callase, que no dijese ninguna de las cosas que voy a decir, que quedase para todos, como una palabra definitiva, todo lo que dije en el primero de mis libros, pero mi amor y mi dolor no se conforman con aquella mezcla desordenada de sentimientos y de pensamientos que dejé en las páginas de "La Razón de mi Vida".
Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo, y por extensión quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar.
Si todavía quedan sombras y nubes queriendo tapar el cielo y el sol de nuestra tierra, si todavía queda tanto dolor que mitigar y heridas que restañar y como será donde nadie ha visto la luz ni ha tomado en sus manos la bandera de los pueblos que marchan en silencio, ya sin lágrimas y sin suspiros, sangrando bajo la noche de la esclavitud! Y como será donde ya se ve la luz, pero demasiado lejos, y entonces la esperanza es un inmenso dolor que se rebela y que quema en la carne y el alma de los pueblos sedientos de libertad y justicia!
Para ellos, para mi pueblo y para todos los pueblos de la humanidad es "Mi Mensaje". Ya no quiero explicarles nada de mi vida ni de mis obras. No quiero recibir ya ningún elogio. Me tienen sin cuidado los odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los explotadores.
Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el poder ni por la gloria! aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la humanidad.
Quiero decirles la verdad que nunca fue dicha por nadie, porque nadie fue capaz de seguir la farsa como yo, para saber toda la verdad.
Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no regresaron nunca. Se dejaron deslumbrar por la fantasía maravillosa de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira.
Yo me vestí también con todos los honores de la gloria, de la vanidad y del poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra. Todos los países del mundo me rindieron sus homenajes, de alguna manera. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, como mujer de un presidente extraordinario, lo acepté sonriendo, "prestando mi cara" para guardar mi corazón. Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras. Yo puedo decir ahora lo mucho que se miente, todo lo que se engaña y todo lo que se finge, porque conozco a los hombres en sus grandezas y en sus miserias.
Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria.
Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas.
Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo.
Tengo que decirlas al pueblo de donde vine. Y tengo que decirlas a todos los pueblos engañados de la humanidad. A los trabajadores, a las mujeres, a los humildes descamisados de mi Patria y a todos los descamisados de la tierra y a la infinita raza de los pueblos! como un mensaje de mi corazón.
5. LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO. Los enemigos del pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón. Yo los he visto llegar hasta él con todas las formas de la maldad y de la mentira. Quiero denunciarlos definitivamente. Porque serán enemigos eternos de Perón y del pueblo aquí y en cualquier parte del mundo donde se levante la bandera de la justicia y la libertad.
Nosotros los hemos vencido, pero ellos pertenecen a una raza que nunca morirá definitivamente.
Todos llevamos en la sangre la semilla del egoísmo que nos puede hacer enemigos del pueblo y de su causa. Es necesario aplastarla donde quiera que brote si queremos que alguna vez el mundo alcance el mediodía brillante de los pueblos, si no queremos que vuelva a caer la noche sobre su victoria. A los enemigos de Perón yo los he conocido de cerca y de frente.
Yo no me quedé jamás en la retaguardia de sus luchas. Estuve en la primera línea de combate; peleando los días cortos y las noches largas de mi afán, infinito como la sed de mi corazón, y cumplí dos tareas. ¡No sé cuál fue más digna de una vida pequeña como la mía, pero mi vida al fin! Una, pelear por los derechos de mi pueblo. La otra, cuidar las espaldas de Perón.
En esa doble tarea, inmensa para mi, que no tenía más armas que mi corazón enardecido, conocí a los enemigos de Perón y de mi pueblo. Son los mismos.
iSí! Nunca vi a nadie de nuestra raza y la raza de los pueblos! peleando contra Perón.
A los otros en cambio, si...
A veces los he visto fríos e insensibles. Declaro con toda la fuerza de mi fanatismo que siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos o de culebras. Lo único que los mueve es la envidia. No hay que tenerles miedo: la envidia de los sapos nunca pudo tapar el canto de los ruiseñores. Pero hay que apartarlos del camino.
No pueden estar cerca del pueblo ni de los hombres que el pueblo elige para conducirlos. Y menos, pueden ser dirigentes del pueblo.
Los dirigentes del pueblo tienen que ser fanáticos del pueblo. Si no, se marean en la altura y no regresan. Yo los he visto también con el mareo de las cumbres.
6. LOS FANÁTICOS. Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran.
Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos si. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo.
El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte.
Por eso soy fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo. Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir con ellos por toda la eternidad. Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero que sean los trabajadores y los descamisados.
El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón.
Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosotros si.
Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol.
Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros.
Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia.
Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda!"
Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?
7. NI FIELES NI REBELDES. Yo he medido con la vara de mi corazón la frialdad y el fanatismo de los hombres. Los dos extremos han desfilado permanentemente ante mis ojos. El paisaje de estos años de mi vida es un inmenso contraste de luces y sombras.
En todos los momentos de esta vida mía me es dado contemplar y sufrir ese tremendo encuentro del fanatismo y de la indiferencia.
Confieso que no me duele tanto el odio de los enemigos de Perón como la frialdad y la indiferencia de los que debieron ser amigos de su causa maravillosa. Comprendo más y casi diría que perdono más el odio de la oligarquía que la frialdad de algún hijo bastardo del pueblo que no siente ni comprende a Perón.
Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su indiferencia frente al drama de mi pueblo. Sí, no exagero: lo que sucede en nuestro pueblo es drama, auténtico y extraordinario drama por la posesión de la vida, de la felicidad, del simple y sencillo bienestar que mi pueblo venia soñando desde el principio de su historia.
El 17 de octubre fue el encuentro del Pueblo con Perón. Aquella noche inolvidable se selló el destino de los dos, y así empezó el inmenso drama...
Frente a un mundo de pueblos sometidos Perón levantó la bandera de nuestra liberación. Frente a un mundo de pueblos explotados Perón levantó la bandera de la justicia.
Yo le sumé mi corazón y entrelacé las dos banderas de la justicia y de la libertad con un poco de amor... pero todo esto -la libertad, la justicia y el amor, Perón y su pueblo-, todo esto es demasiado para que pueda mirarse con indiferencia o con frialdad.
Todo esto merece odio o merece amor.
Los tibios, los indiferentes, las reservas mentales, los peronistas a medias, me dan asco. Me repugnan porque no tienen olor ni sabor. Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de los pueblos también los hombres se dividen en los tres campos eternos del odio, de la indiferencia y del amor.
Hay fanáticos del pueblo. Hay enemigos del pueblo. Y hay indiferentes.
Estos pertenecen a la clase de hombre que Dante señaló ya en las puertas del infierno. Nunca se juegan por nada. Son como "los ángeles que no fueron ni fieles ni rebeldes".
8. CAIGA QUIEN CAIGA. Yo he visto a Perón peleando incansablemente por su pueblo frente a las fuerzas dominantes de la humanidad.
Este capítulo está dedicado a ellas.
No puedo callar porque sería mentirle a mi pueblo y a todos los pueblos de la tierra que han sufrido y sufren la despiadada prepotencia de los imperialismos. Es hora de decir la verdad, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
Existen en el mundo naciones explotadoras y naciones explotadas. Yo no diría nada si se tratase solamente de naciones, pero es que detrás de cada nación que someten los imperialismos hay un pueblo de esclavos, de hombres y mujeres explotados.
Y aún las mismas naciones imperialistas esconden siempre detrás de sus grandezas y de sus oropeles la realidad amarga y dura de un pueblo sometido.
Los imperialismos han sido y son la causa de las más grandes desgracias de una humanidad que se encarna en los pueblos. Esta es la hora de los pueblos, que es como decir la hora de la humanidad.
Todos los enemigos de la humanidad tienen las horas contadas. ¡También los imperialismos!
En la hora de los pueblos lo único compatible con la felicidad de los hombres será la existencia de naciones justas, soberanas y libres, como quiere la doctrina de Perón.
Y esto sucederá en este siglo. Aunque parezca ya una letanía de mi fanatismo sucederá, "caiga quien caiga y cueste lo que cueste".
9. LOS IMPERIALISMOS. ¡Los imperialismos! A Perón y a nuestro pueblo les ha tocado la desgracia del imperialismo capitalista. Yo lo he visto de cerca en sus miserias y en sus crímenes. Se dice defensor de la justicia mientras extiende las garras de su rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia. Se proclama defensor de la libertad mientras va encadenando a todos los pueblos que de buena o de mala fe tienen que aceptar sus inapelables exigencias.
10. LOS QUE SE ENTREGAN. Pero más abominable aun que los imperialistas son los hombres de las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos.
Yo los he conocido también de cerca. Frente a los imperialismos no sentí otra cosa que la indignación del odio, pero frente a los entregadores de sus pueblos, a ella sumé la infinita indignación de mi desprecio.
Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y mordaz. "No podemos hacer nada", decían. Los he oído muchas veces; en todos los tonos de la mentira. ¡Mentira! ¡Sí! ¡Mil veces mentira...!
Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos. No hay ningún pueblo de la tierra que no pueda ser justo, libre y soberano.
"No podemos hacer nada" es lo que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas.
No lo dicen por convencimiento sino por conveniencias.
11. POR CUALQUIER MEDIO. Nosotros somos un pequeño pueblo de la tierra, y sin embargo con nosotros Perón decidió ganar, frente al imperialismo capitalista, nuestra propia justicia y nuestra propia libertad.
Y somos justos y libres. Podrá costar más o menos sacrificio ¡pero siempre se puede!
No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano.
¿Los procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan en contra de los pueblos.
Yo me pregunto: ¿qué pueden hacer un millón de acorazados, un millón de aviones y un millón de bombas atómicas contra un pueblo que decide sabotear a sus amos hasta conseguir la libertad y la justicia?
Frente a la explotación inicua y execrable, todo es poco. Y cualquier cosa es importante para vencer.
12. EL HAMBRE Y LOS INTERESES. El arma de los imperialismos es el hambre. Nosotros, los pueblos sabemos lo que es morir de hambre.
El talón de Aquiles del imperialismo son sus intereses. Donde esos intereses del imperialismo se llamen "petróleo" basta, para vencerlos, con echar una piedra en cada pozo. Donde se llame cobre o estaño basta con que se rompan las máquinas que los extraen de la tierra o que se crucen de brazos los trabajadores explotados...
¡No pueden vencemos! Basta con que nos decidamos. Así quiso que fuese Perón entre nosotros y vencimos. Ya no podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra soberanía. Tendrían que matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no podrán hacerlo jamás.
13. EL ODIO Y EL AMOR. En años de lucha he aprendido cómo juegan su papel en el gobierno de los pueblos las fuerzas políticas nacionales e internacionales, las fuerzas económicas y espirituales de la tierra, y cómo se disfrazan las ambiciones de los hombres.
Yo he visto a Perón enfrentándolos de pie, sereno e imperturbable, mirando siempre más allá de su vida y de su tiempo, con los ojos puestos exclusivamente en la felicidad de su pueblo y en la grandeza de su Patria. Nada ni nadie pudo ni podrá apartarlo de su camino.
Yo recuerdo cómo, en los primeros tiempos de su lucha, debió enfrentar la calumnia que intentaba separarlo de sus descamisados: decían que él era un peligro para el pueblo porque era militar.
Algunos años después, como la calumnia no prosperó, sus enemigos trataron de enfrentarlo con las fuerzas armadas. Decían que Perón intentaba crear una fuerza en los trabajadores para sustituir el influjo militar en el Gobierno de la República.
Sobre todas estas cosas quiero decir la verdad ¡mi auténtica verdad! y espero que alguna vez se imponga sobre tanta mentira, o por lo menos, -aunque no me crean- sirva para algo a los pueblos del mundo en sus luchas por la justicia y por la libertad.
Declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la "ignominiosa raza de los pueblos". De mi no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian.
Nadie niega en mi Patria que, para bien o para mal, yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo pensando y sintiendo como pueblo, no he podido vencer todavía nuestro "resentimiento" con la oligarquía que nos explotó.
¡Ni quiero vencerlo! Lo digo todos los días con mi vieja indignación descamisada, dura y torpe, pero sincera como la luz que no sabe cuando alumbra y cuando quema. Como el viento que no distingue entre borrar las nubes del cielo y sembrar la desolación en su camino. No entiendo los términos medios ni las cosas equilibradas. Sólo reconozco dos palabras como hijas predilectas de mi corazón: el odio y el amor.
Nunca sé cuando odio ni cuando estoy amando, y en este encuentro confuso del odio y del amor frente a la oligarquía de mi tierra -y frente a todas las oligarquías del mundo- no he podido encontrar el equilibrio que me reconcilie con las fuerzas que sirvieron antaño entre nosotros a la raza maldita de los explotadores.
19. VIVIR CON EL PUEBLO. Es lindo vivir con el pueblo. Sentirlo de cerca, sufrir con sus dolores y gozar con la simple alegría de su corazón.
Pero nada de todo eso se puede si previamente no se ha decidido definitivamente encarnarse en el pueblo, hacerse una sola carne con él para que todo dolor y toda tristeza y angustia y toda alegría del pueblo sea lo mismo que si fuese nuestra.
Eso es lo que yo hice, poco a poco en mi vida. Por eso el pueblo me alegra y me duele. Me alegra cuando lo veo feliz y cuando yo puedo añadir un poco de mi vida a su felicidad. Me duele cuando sufre. Cuando los hombres del pueblo o quienes tienen obligación de servirlo en vez de buscar la felicidad del pueblo lo traicionan.
También tengo para ellos una palabra dura y amarga en este mensaje de mis verdades.
Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron.
No volverán jamás, pero si alguna vez volviesen habría que sellarles la frente con el signo infamante de la traición". (...)
EVA PERÓN
Quizás porque en "La Razón de mi Vida" no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso, tengo que escribir otra vez.
He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no porque yo lo necesite. No. Mejor sería acaso para mí que callase, que no dijese ninguna de las cosas que voy a decir, que quedase para todos, como una palabra definitiva, todo lo que dije en el primero de mis libros, pero mi amor y mi dolor no se conforman con aquella mezcla desordenada de sentimientos y de pensamientos que dejé en las páginas de "La Razón de mi Vida".
Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo, y por extensión quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar.
Si todavía quedan sombras y nubes queriendo tapar el cielo y el sol de nuestra tierra, si todavía queda tanto dolor que mitigar y heridas que restañar y como será donde nadie ha visto la luz ni ha tomado en sus manos la bandera de los pueblos que marchan en silencio, ya sin lágrimas y sin suspiros, sangrando bajo la noche de la esclavitud! Y como será donde ya se ve la luz, pero demasiado lejos, y entonces la esperanza es un inmenso dolor que se rebela y que quema en la carne y el alma de los pueblos sedientos de libertad y justicia!
Para ellos, para mi pueblo y para todos los pueblos de la humanidad es "Mi Mensaje". Ya no quiero explicarles nada de mi vida ni de mis obras. No quiero recibir ya ningún elogio. Me tienen sin cuidado los odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los explotadores.
Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el poder ni por la gloria! aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la humanidad.
Quiero decirles la verdad que nunca fue dicha por nadie, porque nadie fue capaz de seguir la farsa como yo, para saber toda la verdad.
Porque todos los que salieron del pueblo para recorrer mi camino no regresaron nunca. Se dejaron deslumbrar por la fantasía maravillosa de las alturas y se quedaron para gozar de la mentira.
Yo me vestí también con todos los honores de la gloria, de la vanidad y del poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra. Todos los países del mundo me rindieron sus homenajes, de alguna manera. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, como mujer de un presidente extraordinario, lo acepté sonriendo, "prestando mi cara" para guardar mi corazón. Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras. Yo puedo decir ahora lo mucho que se miente, todo lo que se engaña y todo lo que se finge, porque conozco a los hombres en sus grandezas y en sus miserias.
Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria.
Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas.
Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo.
Tengo que decirlas al pueblo de donde vine. Y tengo que decirlas a todos los pueblos engañados de la humanidad. A los trabajadores, a las mujeres, a los humildes descamisados de mi Patria y a todos los descamisados de la tierra y a la infinita raza de los pueblos! como un mensaje de mi corazón.
5. LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO. Los enemigos del pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón. Yo los he visto llegar hasta él con todas las formas de la maldad y de la mentira. Quiero denunciarlos definitivamente. Porque serán enemigos eternos de Perón y del pueblo aquí y en cualquier parte del mundo donde se levante la bandera de la justicia y la libertad.
Nosotros los hemos vencido, pero ellos pertenecen a una raza que nunca morirá definitivamente.
Todos llevamos en la sangre la semilla del egoísmo que nos puede hacer enemigos del pueblo y de su causa. Es necesario aplastarla donde quiera que brote si queremos que alguna vez el mundo alcance el mediodía brillante de los pueblos, si no queremos que vuelva a caer la noche sobre su victoria. A los enemigos de Perón yo los he conocido de cerca y de frente.
Yo no me quedé jamás en la retaguardia de sus luchas. Estuve en la primera línea de combate; peleando los días cortos y las noches largas de mi afán, infinito como la sed de mi corazón, y cumplí dos tareas. ¡No sé cuál fue más digna de una vida pequeña como la mía, pero mi vida al fin! Una, pelear por los derechos de mi pueblo. La otra, cuidar las espaldas de Perón.
En esa doble tarea, inmensa para mi, que no tenía más armas que mi corazón enardecido, conocí a los enemigos de Perón y de mi pueblo. Son los mismos.
iSí! Nunca vi a nadie de nuestra raza y la raza de los pueblos! peleando contra Perón.
A los otros en cambio, si...
A veces los he visto fríos e insensibles. Declaro con toda la fuerza de mi fanatismo que siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos o de culebras. Lo único que los mueve es la envidia. No hay que tenerles miedo: la envidia de los sapos nunca pudo tapar el canto de los ruiseñores. Pero hay que apartarlos del camino.
No pueden estar cerca del pueblo ni de los hombres que el pueblo elige para conducirlos. Y menos, pueden ser dirigentes del pueblo.
Los dirigentes del pueblo tienen que ser fanáticos del pueblo. Si no, se marean en la altura y no regresan. Yo los he visto también con el mareo de las cumbres.
6. LOS FANÁTICOS. Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran.
Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos si. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo.
El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte.
Por eso soy fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo. Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir con ellos por toda la eternidad. Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero que sean los trabajadores y los descamisados.
El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón.
Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosotros si.
Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol.
Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros.
Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia.
Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda!"
Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?
7. NI FIELES NI REBELDES. Yo he medido con la vara de mi corazón la frialdad y el fanatismo de los hombres. Los dos extremos han desfilado permanentemente ante mis ojos. El paisaje de estos años de mi vida es un inmenso contraste de luces y sombras.
En todos los momentos de esta vida mía me es dado contemplar y sufrir ese tremendo encuentro del fanatismo y de la indiferencia.
Confieso que no me duele tanto el odio de los enemigos de Perón como la frialdad y la indiferencia de los que debieron ser amigos de su causa maravillosa. Comprendo más y casi diría que perdono más el odio de la oligarquía que la frialdad de algún hijo bastardo del pueblo que no siente ni comprende a Perón.
Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su indiferencia frente al drama de mi pueblo. Sí, no exagero: lo que sucede en nuestro pueblo es drama, auténtico y extraordinario drama por la posesión de la vida, de la felicidad, del simple y sencillo bienestar que mi pueblo venia soñando desde el principio de su historia.
El 17 de octubre fue el encuentro del Pueblo con Perón. Aquella noche inolvidable se selló el destino de los dos, y así empezó el inmenso drama...
Frente a un mundo de pueblos sometidos Perón levantó la bandera de nuestra liberación. Frente a un mundo de pueblos explotados Perón levantó la bandera de la justicia.
Yo le sumé mi corazón y entrelacé las dos banderas de la justicia y de la libertad con un poco de amor... pero todo esto -la libertad, la justicia y el amor, Perón y su pueblo-, todo esto es demasiado para que pueda mirarse con indiferencia o con frialdad.
Todo esto merece odio o merece amor.
Los tibios, los indiferentes, las reservas mentales, los peronistas a medias, me dan asco. Me repugnan porque no tienen olor ni sabor. Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de los pueblos también los hombres se dividen en los tres campos eternos del odio, de la indiferencia y del amor.
Hay fanáticos del pueblo. Hay enemigos del pueblo. Y hay indiferentes.
Estos pertenecen a la clase de hombre que Dante señaló ya en las puertas del infierno. Nunca se juegan por nada. Son como "los ángeles que no fueron ni fieles ni rebeldes".
8. CAIGA QUIEN CAIGA. Yo he visto a Perón peleando incansablemente por su pueblo frente a las fuerzas dominantes de la humanidad.
Este capítulo está dedicado a ellas.
No puedo callar porque sería mentirle a mi pueblo y a todos los pueblos de la tierra que han sufrido y sufren la despiadada prepotencia de los imperialismos. Es hora de decir la verdad, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
Existen en el mundo naciones explotadoras y naciones explotadas. Yo no diría nada si se tratase solamente de naciones, pero es que detrás de cada nación que someten los imperialismos hay un pueblo de esclavos, de hombres y mujeres explotados.
Y aún las mismas naciones imperialistas esconden siempre detrás de sus grandezas y de sus oropeles la realidad amarga y dura de un pueblo sometido.
Los imperialismos han sido y son la causa de las más grandes desgracias de una humanidad que se encarna en los pueblos. Esta es la hora de los pueblos, que es como decir la hora de la humanidad.
Todos los enemigos de la humanidad tienen las horas contadas. ¡También los imperialismos!
En la hora de los pueblos lo único compatible con la felicidad de los hombres será la existencia de naciones justas, soberanas y libres, como quiere la doctrina de Perón.
Y esto sucederá en este siglo. Aunque parezca ya una letanía de mi fanatismo sucederá, "caiga quien caiga y cueste lo que cueste".
9. LOS IMPERIALISMOS. ¡Los imperialismos! A Perón y a nuestro pueblo les ha tocado la desgracia del imperialismo capitalista. Yo lo he visto de cerca en sus miserias y en sus crímenes. Se dice defensor de la justicia mientras extiende las garras de su rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia. Se proclama defensor de la libertad mientras va encadenando a todos los pueblos que de buena o de mala fe tienen que aceptar sus inapelables exigencias.
10. LOS QUE SE ENTREGAN. Pero más abominable aun que los imperialistas son los hombres de las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos.
Yo los he conocido también de cerca. Frente a los imperialismos no sentí otra cosa que la indignación del odio, pero frente a los entregadores de sus pueblos, a ella sumé la infinita indignación de mi desprecio.
Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y mordaz. "No podemos hacer nada", decían. Los he oído muchas veces; en todos los tonos de la mentira. ¡Mentira! ¡Sí! ¡Mil veces mentira...!
Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos. No hay ningún pueblo de la tierra que no pueda ser justo, libre y soberano.
"No podemos hacer nada" es lo que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas.
No lo dicen por convencimiento sino por conveniencias.
11. POR CUALQUIER MEDIO. Nosotros somos un pequeño pueblo de la tierra, y sin embargo con nosotros Perón decidió ganar, frente al imperialismo capitalista, nuestra propia justicia y nuestra propia libertad.
Y somos justos y libres. Podrá costar más o menos sacrificio ¡pero siempre se puede!
No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano.
¿Los procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan en contra de los pueblos.
Yo me pregunto: ¿qué pueden hacer un millón de acorazados, un millón de aviones y un millón de bombas atómicas contra un pueblo que decide sabotear a sus amos hasta conseguir la libertad y la justicia?
Frente a la explotación inicua y execrable, todo es poco. Y cualquier cosa es importante para vencer.
12. EL HAMBRE Y LOS INTERESES. El arma de los imperialismos es el hambre. Nosotros, los pueblos sabemos lo que es morir de hambre.
El talón de Aquiles del imperialismo son sus intereses. Donde esos intereses del imperialismo se llamen "petróleo" basta, para vencerlos, con echar una piedra en cada pozo. Donde se llame cobre o estaño basta con que se rompan las máquinas que los extraen de la tierra o que se crucen de brazos los trabajadores explotados...
¡No pueden vencemos! Basta con que nos decidamos. Así quiso que fuese Perón entre nosotros y vencimos. Ya no podrán jamás arrebatarnos nuestra justicia, nuestra libertad y nuestra soberanía. Tendrían que matarnos uno por uno a todos los argentinos. Y eso ya no podrán hacerlo jamás.
13. EL ODIO Y EL AMOR. En años de lucha he aprendido cómo juegan su papel en el gobierno de los pueblos las fuerzas políticas nacionales e internacionales, las fuerzas económicas y espirituales de la tierra, y cómo se disfrazan las ambiciones de los hombres.
Yo he visto a Perón enfrentándolos de pie, sereno e imperturbable, mirando siempre más allá de su vida y de su tiempo, con los ojos puestos exclusivamente en la felicidad de su pueblo y en la grandeza de su Patria. Nada ni nadie pudo ni podrá apartarlo de su camino.
Yo recuerdo cómo, en los primeros tiempos de su lucha, debió enfrentar la calumnia que intentaba separarlo de sus descamisados: decían que él era un peligro para el pueblo porque era militar.
Algunos años después, como la calumnia no prosperó, sus enemigos trataron de enfrentarlo con las fuerzas armadas. Decían que Perón intentaba crear una fuerza en los trabajadores para sustituir el influjo militar en el Gobierno de la República.
Sobre todas estas cosas quiero decir la verdad ¡mi auténtica verdad! y espero que alguna vez se imponga sobre tanta mentira, o por lo menos, -aunque no me crean- sirva para algo a los pueblos del mundo en sus luchas por la justicia y por la libertad.
Declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la "ignominiosa raza de los pueblos". De mi no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian.
Nadie niega en mi Patria que, para bien o para mal, yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso, porque sigo pensando y sintiendo como pueblo, no he podido vencer todavía nuestro "resentimiento" con la oligarquía que nos explotó.
¡Ni quiero vencerlo! Lo digo todos los días con mi vieja indignación descamisada, dura y torpe, pero sincera como la luz que no sabe cuando alumbra y cuando quema. Como el viento que no distingue entre borrar las nubes del cielo y sembrar la desolación en su camino. No entiendo los términos medios ni las cosas equilibradas. Sólo reconozco dos palabras como hijas predilectas de mi corazón: el odio y el amor.
Nunca sé cuando odio ni cuando estoy amando, y en este encuentro confuso del odio y del amor frente a la oligarquía de mi tierra -y frente a todas las oligarquías del mundo- no he podido encontrar el equilibrio que me reconcilie con las fuerzas que sirvieron antaño entre nosotros a la raza maldita de los explotadores.
19. VIVIR CON EL PUEBLO. Es lindo vivir con el pueblo. Sentirlo de cerca, sufrir con sus dolores y gozar con la simple alegría de su corazón.
Pero nada de todo eso se puede si previamente no se ha decidido definitivamente encarnarse en el pueblo, hacerse una sola carne con él para que todo dolor y toda tristeza y angustia y toda alegría del pueblo sea lo mismo que si fuese nuestra.
Eso es lo que yo hice, poco a poco en mi vida. Por eso el pueblo me alegra y me duele. Me alegra cuando lo veo feliz y cuando yo puedo añadir un poco de mi vida a su felicidad. Me duele cuando sufre. Cuando los hombres del pueblo o quienes tienen obligación de servirlo en vez de buscar la felicidad del pueblo lo traicionan.
También tengo para ellos una palabra dura y amarga en este mensaje de mis verdades.
Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron.
No volverán jamás, pero si alguna vez volviesen habría que sellarles la frente con el signo infamante de la traición". (...)
EVA PERÓN
viernes, 20 de noviembre de 2009
LAS CARTAS DE BARONE. http://orlandobarone.blogspot.com
viernes 20 de noviembre de 2009
La farsa, el guionista y el público
Mauricio Macri, guionado, dio ayer cátedra de cómo actuar colmando las expectativas de sus fans y seguidores. Porque escenificar una farsa tan desembozadamente demagógica e impúdica es un mérito no de la política sino del cinismo. El guión que sostuvo el planteo de Macri eludió el escándalo que lo involucra. ¿Qué espías? ¿Los de ellos, los otros, los de siempre? Para la elemental táctica, contó con el incondicional apoyo de gran parte del público alimentado a exasperación mediática. La exasperación exaspera la “odiología”. El exasperado se autoconvence de que él no estaría exasperado si los otros le dieran los gustos. Ningún otro recurso podría superar esa combinación de guapo de salón y de miembro de un club caro. Macri venía de estar con el rey de España y según él allá leía lo que se dice de la Argentina; y toda la gente importante se lamentaba de esto que le pasa al país por culpa de los Kirchner. Ahí en ese apellido está el remanido sujeto del denuesto. Leña al matrimonio. Es la consigna de la barra de amigos. No hay que olvidar que los vecinos blancos, o que se estiman blancos, tienen acerca de quienes apoyan al gobierno pensamientos negros. En la conferencia Macri cumplió con los medios preeminentes. Es como si el uno y los otros se pertenecieran recíprocamente. Repitiéndole al destinatario mediático, los títulos que este propaga sistemáticamente cada día; ya sea por oponerse, ya sea porque el título escándalo tiene producción imparable y es más atractivo que uno sensato. Mauricio dijo todo cuando la agenda declama acerca de la inseguridad, del autoritarismo y de la corrupción. Todos los lugares comunes del común despensamiento de la sospecha. Habló como si estuviera en la mesa de Mirtha Legrand en la cual está igual que en su casa. Si total no hay injuria que se pene. Y dijo que con solo el 10 % de esta corrupción, echaron en Brasil a Collor de Melo. Ese deseo de patrón -“lo echaron”- tiene un airecillo tilingo un poquitín destituyente. La mayoría de los cronistas presentes en la conferencia hacen deducir que ya no hay forma de otorgar el premio al periodismo independiente. Así que se fueron ligeros y dependientes a volcar la cantinela en sus noticieros. Y copiaron a Macri: ya que Macri los copia a ellos. Porque su lema es: lo que dicen los grandes medios tiene éxito. Entonces dijo que el gobierno boicotea los planes democráticos de la ciudad, que quieren impedir que se organice una policía eficiente que acabe con el miedo, que uno al salir de su casa no sabe si vuelve y que nos matan diariamente, y que el kirchnerismo compra al gobernador de Corrientes pero no todos se venden, y menos Macri, y que el matrimonio no pierda tiempo en querer apoderarse de todo porque a Macri no lo pueden parar. Y vuelta otra vez a las pobres víctimas indefensas. Y lo dijo lo más campante. Y como si en su currícula figurara haber obtenido el primer puesto de ética en Transparencia Internacional en los rubros automotores y recolección de basura, y como si en los organismos de Derechos Humanos y en las organizaciones mundiales contra el hambre lo contaran entre sus más tenaces referentes junto a Mandela. O como si estuviera especulando en cómo iban a emocionarse, escuchándolo, los deudos desconsolados de la violencia argentina. En tanto su compañera de cartel debe de estar ensayando en los camarines para el día del juramento. A lo mejor vuelven a bailar juntos. Como en aquellos tiempos felices. Todo vuelve. Mirá que suerte que tiene Macri, para hacer juego con sus espías, volvió la valija de Antonini.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 20 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
La farsa, el guionista y el público
Mauricio Macri, guionado, dio ayer cátedra de cómo actuar colmando las expectativas de sus fans y seguidores. Porque escenificar una farsa tan desembozadamente demagógica e impúdica es un mérito no de la política sino del cinismo. El guión que sostuvo el planteo de Macri eludió el escándalo que lo involucra. ¿Qué espías? ¿Los de ellos, los otros, los de siempre? Para la elemental táctica, contó con el incondicional apoyo de gran parte del público alimentado a exasperación mediática. La exasperación exaspera la “odiología”. El exasperado se autoconvence de que él no estaría exasperado si los otros le dieran los gustos. Ningún otro recurso podría superar esa combinación de guapo de salón y de miembro de un club caro. Macri venía de estar con el rey de España y según él allá leía lo que se dice de la Argentina; y toda la gente importante se lamentaba de esto que le pasa al país por culpa de los Kirchner. Ahí en ese apellido está el remanido sujeto del denuesto. Leña al matrimonio. Es la consigna de la barra de amigos. No hay que olvidar que los vecinos blancos, o que se estiman blancos, tienen acerca de quienes apoyan al gobierno pensamientos negros. En la conferencia Macri cumplió con los medios preeminentes. Es como si el uno y los otros se pertenecieran recíprocamente. Repitiéndole al destinatario mediático, los títulos que este propaga sistemáticamente cada día; ya sea por oponerse, ya sea porque el título escándalo tiene producción imparable y es más atractivo que uno sensato. Mauricio dijo todo cuando la agenda declama acerca de la inseguridad, del autoritarismo y de la corrupción. Todos los lugares comunes del común despensamiento de la sospecha. Habló como si estuviera en la mesa de Mirtha Legrand en la cual está igual que en su casa. Si total no hay injuria que se pene. Y dijo que con solo el 10 % de esta corrupción, echaron en Brasil a Collor de Melo. Ese deseo de patrón -“lo echaron”- tiene un airecillo tilingo un poquitín destituyente. La mayoría de los cronistas presentes en la conferencia hacen deducir que ya no hay forma de otorgar el premio al periodismo independiente. Así que se fueron ligeros y dependientes a volcar la cantinela en sus noticieros. Y copiaron a Macri: ya que Macri los copia a ellos. Porque su lema es: lo que dicen los grandes medios tiene éxito. Entonces dijo que el gobierno boicotea los planes democráticos de la ciudad, que quieren impedir que se organice una policía eficiente que acabe con el miedo, que uno al salir de su casa no sabe si vuelve y que nos matan diariamente, y que el kirchnerismo compra al gobernador de Corrientes pero no todos se venden, y menos Macri, y que el matrimonio no pierda tiempo en querer apoderarse de todo porque a Macri no lo pueden parar. Y vuelta otra vez a las pobres víctimas indefensas. Y lo dijo lo más campante. Y como si en su currícula figurara haber obtenido el primer puesto de ética en Transparencia Internacional en los rubros automotores y recolección de basura, y como si en los organismos de Derechos Humanos y en las organizaciones mundiales contra el hambre lo contaran entre sus más tenaces referentes junto a Mandela. O como si estuviera especulando en cómo iban a emocionarse, escuchándolo, los deudos desconsolados de la violencia argentina. En tanto su compañera de cartel debe de estar ensayando en los camarines para el día del juramento. A lo mejor vuelven a bailar juntos. Como en aquellos tiempos felices. Todo vuelve. Mirá que suerte que tiene Macri, para hacer juego con sus espías, volvió la valija de Antonini.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 20 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
LAS CARTAS DE BARONE. http://orlandobarone.blogspot.com
miércoles 18 de noviembre de 2009
Estupideces literarias sobre la estupidez porteña
¿Un estúpido que comete una estupidez pública se reconoce íntimamente estúpido? Acerca de la estupidez hay abundantes estudios y modelos humanos. El escritor siciliano Leonardo Sciacia decía que la estupidez estaba tan expandida que hasta influía entre personas inteligentes. No estoy en riesgo. Otro escritor, Italo Svevo, apela a esta palabra griega: Kutopórinos, para describir a un “astuto imbécil”. Y no es una contradicción: porque hay imbéciles astutos, que son los que más daño causan. Con o sin uniforme. En una de las famosas leyes de Murphy hay una sub- ley de Truman que dice: “Si no los puedes convencer, confúndelos”. Embarúllalos. Y hay otra sub ley de Walton que dice que en política “un tonto y su dinero son siempre elegidos”. ¿Así que un tonto y su dinero? Aquí últimamente ese cóctel tiene éxito. Justo se me ocurre recordar estas estupideces pensando en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Cuántos inteligentes porteños lo han elegido. La mejor descripción de estúpido que leí fue en el libro de Ponte De Pino. Leo: “ Un estúpido es aquel que sacadas las cuentas, y revisadas y confirmadas varias veces, pregunta ¿ Cuánto es?
O aquel que entrando al tribunal donde lo han citado por una acusación, no sabe para qué y le ordena al chofer que lo lleve a su finca de descanso”. También el lunfardo tiene la palabra “otario” para nombrar al estúpido. “Otario”-según la enciclopedia de Espíndola- viene de “otaria”, nombre de un género de animales como el lobo marino, de movimientos y comportamientos torpes. Me fui por las ramas como un estúpido. Como dice no sé quién “el hombre es el único animal capaz de transformarse en un imbécil”. No podría sostener que esta ciudad los engendre más que otras. Aunque a veces da la impresión de que aquí son más frecuentes y más exitosos. André Gluksman en su libro sobre el posmodernismo dice que “si la estupidez no se diera aires de inteligencia , no engañaría a nadie”. Es lo que acaba de pasar en la estúpida policía porteña. Por suerte están los ciudadanos de juicio lúcido.
Los espiones nos estupidizan involuntariamente a quienes no los votamos, y voluntariamente a sus votantes entusiastas. André Gide que despreciaba a los estúpidos, afirmaba: “Cuanto menos inteligente es el blanco más estúpido les parece el negro”. Para dejar al descubierto a tantos estúpidos preferiría ser negro.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 18 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
Estupideces literarias sobre la estupidez porteña
¿Un estúpido que comete una estupidez pública se reconoce íntimamente estúpido? Acerca de la estupidez hay abundantes estudios y modelos humanos. El escritor siciliano Leonardo Sciacia decía que la estupidez estaba tan expandida que hasta influía entre personas inteligentes. No estoy en riesgo. Otro escritor, Italo Svevo, apela a esta palabra griega: Kutopórinos, para describir a un “astuto imbécil”. Y no es una contradicción: porque hay imbéciles astutos, que son los que más daño causan. Con o sin uniforme. En una de las famosas leyes de Murphy hay una sub- ley de Truman que dice: “Si no los puedes convencer, confúndelos”. Embarúllalos. Y hay otra sub ley de Walton que dice que en política “un tonto y su dinero son siempre elegidos”. ¿Así que un tonto y su dinero? Aquí últimamente ese cóctel tiene éxito. Justo se me ocurre recordar estas estupideces pensando en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Cuántos inteligentes porteños lo han elegido. La mejor descripción de estúpido que leí fue en el libro de Ponte De Pino. Leo: “ Un estúpido es aquel que sacadas las cuentas, y revisadas y confirmadas varias veces, pregunta ¿ Cuánto es?
O aquel que entrando al tribunal donde lo han citado por una acusación, no sabe para qué y le ordena al chofer que lo lleve a su finca de descanso”. También el lunfardo tiene la palabra “otario” para nombrar al estúpido. “Otario”-según la enciclopedia de Espíndola- viene de “otaria”, nombre de un género de animales como el lobo marino, de movimientos y comportamientos torpes. Me fui por las ramas como un estúpido. Como dice no sé quién “el hombre es el único animal capaz de transformarse en un imbécil”. No podría sostener que esta ciudad los engendre más que otras. Aunque a veces da la impresión de que aquí son más frecuentes y más exitosos. André Gluksman en su libro sobre el posmodernismo dice que “si la estupidez no se diera aires de inteligencia , no engañaría a nadie”. Es lo que acaba de pasar en la estúpida policía porteña. Por suerte están los ciudadanos de juicio lúcido.
Los espiones nos estupidizan involuntariamente a quienes no los votamos, y voluntariamente a sus votantes entusiastas. André Gide que despreciaba a los estúpidos, afirmaba: “Cuanto menos inteligente es el blanco más estúpido les parece el negro”. Para dejar al descubierto a tantos estúpidos preferiría ser negro.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 18 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
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