lunes, 30 de noviembre de 2009

LAS CARTAS DE BARONE. http://orlandobarone.blogspot.com

viernes 27 de noviembre de 2009
El deseo del año

Ya no la foto del año. Ni el personaje ni el escándalo. Tampoco la película, la canción, la modelo o el mediático del año. Hay toda una historia de balances que frecuentan estos géneros. Así se eligen el chiste o el blooper del año. O la tragedia. Elegir el piquetero, el huelguista y el fascista del año no es original dado que, aparte de Castells, hay muchos con chances. Otra nominación sería el niño delincuente del año. Algún criminal pequeño con mucho paco y cara de desalmado incorregible. O el padre vengativo del año: un padre deudo dispuesto a matar la muerte al voleo entre gente morocha. Aún no hay consenso en cómo elegir la crónica policial del año: si como ficción realista o como realismo mágico. El llanto del año va a costar: ¿cómo distinguir a los que lloran públicamente desde el dolor de quienes lloran por espectáculo? Un nuevo rubro sería el de espía del año. Un espía espiado erróneamente. Elegir el error del año situaría la elección en la ciudad de Buenos Aires. Que de Reina del Plata pasó a ser reina del error. Aunque según se ha visto un error de múltiple espionaje es comparable a un trivial error en la poda de árboles. Bueno, también se podría escoger la valija del año. La duda es el origen y remitente : si la valija es de la república bolivariana, de la Casa Rosada o de la cabaña del tío Tom. Para mí que el remitentes está en la cabaña. ¿Y que tal elegir el pase del año? Sí el del fútbol: que pasó del monopolio Clarín al colectivo público gratis. El ex dueño expropiado y enfurecido, si pudiera aboliría la pelota. Elegir el deseo del año no es fácil. Porque no hay ciencia que mida los deseos. Dáse por sentado que el sexual es un deseo indiscriminadamente repartido a la marchanta desde hace tanto tiempo, que elegir el del año requeriría un plebiscito del género humano. Pero sí sería interesante, y hablaría mucho de esta época , elegir el deseo “destituyente” del año. Es un deseo reciclado, que ahora luce como nuevo. Y con más leve rango antidemocrático que el golpismo bruto de uniforme. Mal deseo últimamente asociado a cacerolas de teflón, a tractorazos y a cierto desenfrenado abuso del poncho, la escarapela y el himno. También se lo disputarían , haciendo aspavientos, quienes desean con el deseo todavía cargado con la rémora que les quedó desde el uno a uno hasta el Corralito. Y pasando sin enterarse delante de los años de crímenes de Estado y secuestro de niños. El destituyente es un deseo amnésico. Disfuncional e impotente. Ningún argentino- consciente o inconsciente- se merece sentirlo. Pero se siente. Y sobran conspiradores.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 27 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.

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