lunes 23 de noviembre de 2009
Confesiones erróneas
Espero no errar si afirmo que confesar el error una vez descubierto no es una confesión sino una resignación tardía. Hace poco más de dos mil años Lucio Séneca, uno de los más famosos filósofos romanos dejó ese axioma latino que hoy se repite sin necesidad de citar al autor: “Errare humanum est”. Errar es humano. Hace poco brincaba por ahí una canción de un grupo llamado Soziedad alkohólika, en cuyo estribillo dice: “Los errores son humanos, y algunos humanos son sólo un error. Algunos humanos son sólo un error”. Desconozco que proporción de la humanidad entra en ese rubro, pero no parece haber pocos. El problema del error es que cuando se descubre ya está hecho. Un error nunca es anterior a su efecto. Ya cometido el crimen surge la consideración del error, según quien lo califique. Lo maté por error. El “matado” lo lamenta pero sin resultado de volver a la vida. Desde tiempos remotos la filosofía se puso a pensar sobre el error como el acto de confundir la apariencia de la verdad con la verdad misma. Digamos, la apariencia de la eficiencia policial con la verdad de proteger a la sociedad, paradójicamente controlándola y fisgoneándola. La Iglesia es más práctica, por eso lo que el Dogma dice es infalible. El Papa no yerra. No falla. Al contrario, en la gestión Macri fallar es lo correcto. La culpa es de un mal pálpito. Es que el error se ha convertido en una de las nuevas sofisticaciones culturales de esta ciudad sofisticada. Y es Mauricio Macri quien lo ha consagrado en estos días. Ya que reconoce su error de haber confiado en un gran policía que a su vez erró involuntariamente. Todos cometemos errores y para eso están su corrección y el arrepentimiento. O la purga en la justicia. Y también está que los demás no se den cuenta. Rodríguez Larreta dice que a la gente no le importan los espías sino las cosas que importan. Ignoro cada vez más como somos los porteños; así que no sé si pensamos que es una pena que se haya revelado el error en vez de haberse mantenido hipócritamente en reserva. La revelación estropeó el éxito del espionaje, pero la estrategia de reconocerlo aspira a absolverlo pasando por alto la inmoralidad y corrupción que el acto demuestra. Incluyendo el abuso privado de espías de sueldo público para íntimos trabajos de familia. El impulso motivador del error tiene su carga política, que no es neutra. Su hinchada tampoco yerra por error. Con esa carga, que es parte de la naturaleza del PRO, la latencia del error se mantiene. Los próximos errores son inminentes. Y se verá si el público porteño los enjuicia o los alienta. Macri quizás calcula que no hay error que por bien no venga. También debería calcular si el error no es él mismo en el gobierno.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 23 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
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