domingo, 20 de diciembre de 2009

D. F. (Destino final)

La Asociación de Críticos de Cine del Uruguay entregó los premios Fipresci a las mejores películas de 2008, entre las cuales, DF: Destino Final -documental de Mateo Gutiérrez, de Taxi Films- obtuvo el Premio ICAU como Mejor Película Nacional. Ganó además como Ópera Prima en el rubro internacional y los premios Mejor Documental Uruguayo y Revelación Masculina para Mateo Gutiérrez.

Nacido en Montevideo en 1969, Gutiérrez trabajó cuatro años como operador de cámara freelance y desde 1996 comenzó como socio fundador y director de cine publicitario de Taxi Films.

En 2003 dirigió el cortometraje Vecinos.

DF Destino Final es un documental sobre el Toba Héctor Gutiérrez Ruiz, presidente de la Cámara de Diputados del Uruguay, asesinado en Argentina durante la dictadura militar en su país.

Exiliado en Buenos Aires por su permanente denuncia contra el gobierno, fue secuestrado en mayo de 1976 y encontrado muerto dentro de un auto junto al senador Zelmar Michellini.

Dirigido por su hijo, Mateo Gutiérrez, D.F propone un acercamiento íntimo a la persona del Toba más allá del personaje político.

http://www.montevideo.com.uy/df/

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viernes 18 de diciembre de 2009
Gracias año; nos dejaste con la boca abierta

Quedan pocos días para el festejo de año nuevo. Un festejo que 2009 se merece. Demos gracias a los malos augures que desde aquel año nuevo de hace doce meses anunciaron catástrofes que no se cumplieron. Gracias por el vasto desacierto. Por dejar que fracasaran los heraldos del fracaso. Fuera con las malas pitonisas y los malos deseos. Gracias a esos feroces y divulgados economistas, políticos, periodistas, medios, fundaciones, consultoras, oenegés y charlatanes sueltos, por equivocarse en augurar colapsos; gracias por no acertar, gracias por dejar expuestos al ridículo a las profecías y a sus profetas. Gracias buen año por dejarnos entender qué significa y qué no significan los significantes que vienen envueltos con las noticias. Un aire de cambio de época atraviesa el calendario. Un aire que se lleva a antiguos y yertos anacronismos. Gracias a este despabilamiento que nos permite ver desnudos y sin máscaras a tantos intereses largamente disfrazados de desinterés y ética pomposa. Gracias por revelarnos qué diferencias hay entre el credo y el poder cardenalicio; entre el judaísmo y un rabino rabioso; entre la justicia y el linchamiento; entre la promesa política y romperse el trasero; entre rechazar leyes y crearlas; entre la negación y las ilusiones. Entre la burbuja especulativa y el Estado sólido. Entre el rezongo de la inseguridad jurídica y la convicción soberana. Gracias 2009 porque lograste que las realidades felices desplazaran a las fabulaciones amargas; y porque empujaste a la derecha a salirse de la hipocresía. Gracias por sincerar a los opositores. Por enseñarnos la diferencia entre un gaucho de departamento y un gaucho, entre un campesino y un rentista, entre un aspirante al ALCA y uno al Alba ; entre un colonizado que soba al emisario y un descolonizado que lo pulsea; entre un alcahuete y un militante. Y gracias por dejar que la Argentina pudiera transparentarse a pesar de las veladuras que se propusieron enturbiarla. Y que pudiera dejar a la vista a los alborotados alborotando y a los hacedores, haciendo. No es para tirar manteca al techo pero por suerte hay manteca; no es para tirar la casa por la ventana pero hay casa; no es para hacer aspavientos de consumo, pero hay consumo. No es para exagerar que los jubilados son prósperos pero ya no son excluidos. No es para decir que la Argentina es una fiesta, pero se alejó del plano inclinado. No es para decir que esta es la llegada, pero este puede ser el camino. Sí, año 2009, gracias. Nos dejaste con la boca abierta y a los agoreros con la boca cerrada.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 18 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.

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miércoles 16 de diciembre de 2009
El “Argentinosaurus” y el bestiario político

Están los dinosaurios de los museos de Ciencias Naturales, los de Steven Spielberg de computadora, los de Susana Giménez todavía estúpidamente vivos, y están los dinosaurios argentinos casi extinguidos pero aún rabiosos. La presidenta dijo que las amenazas que recibió en la radio del helicóptero provienen de “dinosaurios”. Debe de haber reparado en que el lenguaje amenazante que habló de matar a la “yegua” y al “pescado” contiene un estilo zoológico también familiar a los gorilas políticos. Ambas- dinosaurios y gorilas- son especies autóctonas naturales en la derecha. Ese es su hábitat preferencial y fanático. Y no es que un progresista no pueda ser un animal cualquiera de la fauna, al contrario: hasta puede ser un animal mutante según la Ley de Darwin. Pero nunca sería un dinosaurio ni un gorila: que son entusiastamente de derecha. Aunque últimamente en la era K, o la del Matrimonio o - según quiera llamársele- hay animales democráticos que por diferenciarse del peronismo, de tanto irse a la izquierda terminan en la selva por la derecha cohabitando por inercia con dinosaurios y gorilas. Ojalá no se pierdan por llegar lejos. El paleontólogo pionero Florentino Ameghino encontró, en las profundas napas criollas, un gran yacimiento de osamentas bestiales. En el río Limay, en Neuquén, fue hallada una de las más grandes de la prehistoria: de cuarenta metros de largo y 100 toneladas. El “terrible lagarto” es tan argentino que la ciencia planetaria lo designa como Argentinosaurus. No hay que extrañarse entonces del reciente caso de los gruñidos radiales y furtivos. Estos rancios ejemplares de “argentinosaurus” mediante actos reflejos y nostálgicos, juegan el simulacro de usurpar el Estado; ya que lo necesitan otra vez como propiedad y hábitat. Para reducirlo, enajenarlo y desaparecerlo. Por eso no hay que ilusionarse con que el último dinosaurio y el último gorila se vuelvan al museo: puesto que se reactivan cíclicamente porque los grandes medios les proveen su sustento. Y sean herbívoros, carnívoros u omnívoros renuevan sus escamas, sus pelos y sus odios bestiales. Son argentinos, aunque presumen serlo más que toda la fauna. Y mientras acechan y conspiran, tras las parvas de soja y las bobinas de Papel Prensa, se mueren por cantar a cada rato el himno y de paso escandalizarse de la pobreza. Dinosaurios y gorilas nunca faltan en nuestro bestiario político.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 16 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.

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martes 15 de diciembre de 2009
A cualquier precio, no

No sé hasta qué nivel cualquiera de nosotros se tiene que esforzar por vivir su vidita cuando ésta es sentenciada al umbral del apagamiento. O cuando ya se está más allá que acá, y cuando sobrevivir con angurria a lo sumo promete un devenir exhausto. Es antiguo el debate acerca de si se justifica que se salve una vida aplicando los recursos humanos y científicos más costosos, mientras tantas vidas se apagan carentes de la más básica asistencia. Hay empeños de socorro que aparecen más privilegiados que otros. No me refiero al afecto extraordinario que puedan mantener con la sociedad ciertos seres excepcionales y que los amerita para recibir mayores empeños. Sino a la duda acerca de si un salvataje se puede permitir avasallar el último rescoldo de la vida, soplándola artificialmente un ratito más, compitiendo con el poder de la naturaleza. Sé que también hay una sensación de injusticia cuando muere un joven en lugar de un viejo. O un valiente en lugar de un cobarde. O un grande en lugar de un insignificante. Y sé que lo que voy a decir excede mi modesta ignorancia, pero cada vez que veo a un paciente en estado grave o moribundo, ubicado por la sociedad en lugar de exclusivismo médico - sea por su poder, su riqueza o sus méritos- , siento que se produce un voluntarismo imprudente en el designio de la vida. Y otra vez la inequidad de la economía pero en la asistencia. Acaso tenga la fantasía de que sería hermoso esperar la muerte con la dignidad de la vida vivida. Todos iguales. No entregarse: esperarla. Como esos elefantes que sintiendo el final se apartan de la manada para morir a solas. Mi deseo – que no sé si seré capaz de cumplir- es desechar toda intromisión exagerada en mi cuerpo que tienda a su forzada supervivencia. Y no estar expuesto a la indefensión para que otros determinen sin mi conciencia. Ninguna costosísima sobredosis de vida justifica la continuidad de un producto físico ya en el tramo de liquidación o de saldo. Entiendo los afanes científicos; también los afanes de un enfermo condenado, y empeñado en que su condena gotee por desesperado aprovechamiento tecnológico. El dilema es dónde está el límite para que esa obstinación no ofenda a la vida. Y donde lo heroico no termine siendo la tortura del héroe. Otra duda son los partes médicos públicos: presumen responder al humanismo pero proveen al mercado. Son la usurpación sin pudor de la decadencia orgánica privada. A ningún organismo, creo, le sienta ser expuesto en la vidriera del extremo deterioro. Lo que quiero decir es que no vale tener tanta gula por la vida cuando ella ya quiere renunciar a dárnosla, y cuando el resultado de la insistencia sería una vida irremediablemente menguada. Si el guerrero debe morir con las botas puestas, parangonando habría que morir con la vida puesta, y no manteniéndola agarrada a camillas, quirófanos, rezos y tribunas. No sé por qué digo esto a esta altura del año. Es que creo que la vida nos merece vivos, pero no a cualquier precio.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 15 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.

domingo, 13 de diciembre de 2009

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viernes 11 de diciembre de 2009
El personaje del año es el enano fascista
Evolucionó. Se merece ser el personaje del año por las alturas que alcanzó siendo enano. Sobre todo porque durante la democracia se reprodujo sin parar aunque de un modo más imperceptible y enánico. El antepasado del enano fascista era frontal, impúdico: se pavoneaba de serlo y de ejercerlo. Tenía tanto orgullo que salía a flor de piel hasta vestido de militar. En las dictaduras se sentía en plenitud. No necesitaba disfrazarse de demócrata como ahora. Pero en esa evolución hipócrita, y aún sin dejar de ser enano ni fascista, aprendió a reconvertirse a través de actitudes de apariencia y disimulo. La “Inseguridad” es el flamante y fértil territorio donde reaparece con ínfulas. Como no se pueden inventar guerrilleros ni terroristas hay que crear una nueva amenaza a nuestro estilo de vida. La Inseguridad es ese nuevo señuelo con que la derecha demoniza. Lo que se lee, ve y escucha en los medios acerca de ella, es la nueva consagración del fascismo. Esta vez disfrazado de sujeto pacifista que solo quiere seguridad y orden. Así las víctimas y deudos tocados por el dolor se dejan ocupar por enanos fascistas y salen a refregarlos por micrófonos y cámaras. Cuentan con la alianza voluntaria u obediente de periodistas dispuestos a complacer al público como en el circo romano: allá con leones carniceros, aquí con clamores de castigo indiscriminado y represión preventiva. Orden o caos grita el enano fascista acusando al voleo a portadores de paco, de tatuajes y pobreza, para sacarse las ganas de venganza. Como una epidemia de enanismo, el fascismo de acabar con la inseguridad recorre toda la sociedad argentina. Tanto desde los líderes de opinión y gobernantes, hasta los ciudadanos anónimos que se sienten acompañados en el miedo.
El enano fascista viene armado y decidido a desplegar sus tareas disciplinarias. De continuar esta reproducción en cadena está en camino de llegar a gigante. El jueves en la nota publicada por el diario la Nación, con orgullo republicano en la tapa, el intelectual Abel Posse no se reveló un enano fascista. No, porque su tamaño se había superado y en él el enano es un gigante demasiado ostensible. En el final de su texto Posse se agranda y se expande en si mismo, y dice: “¿Qué hacer ¿ Qué cantidad de poder tendría que tener el futuro gobierno democrático después de la demolición institucional de los K y de la anarquización y desjerarquización e indisciplina que van de la misma familia al colegio, a la universidad y que cubre tantos aspectos de la vida comunitaria?”. Imaginen ustedes qué poder sugiere Posse debería tener ese futuro gobierno disciplinario. Cuánta fuerza para sanear el ecosistema extraviado y desmilitarizado. Subsiste un error de llamar enano fascista al enano fascista: ya que es honrar la insignificancia de su tamaño como si fuera un enano estable. Y sin percatarse de que sigue creciendo. Detrás de tantos enanitos que crecen en la farándula, en las voces asustadas de vecinos instigados por los medios, en rabinos y moralistas desinfectadores del Mal, en gobernantes arrastrados demagógicamente a la saga de los enanos, el fascismo se agiganta. La Inseguridad es el nuevo mal de la patria que hay que salir a aniquilar. Hace poco en Rusia se produjo el hallazgo de restos del cráneo de Hitler. Para qué irse tan lejos, si por aquí hay esparcidos más restos que en ninguna otra parte. ¿O cómo hay que llamarles a los enanos fascistas y a los fascistas gigantes que claman sedientos de seguridad con una bala en cada palabra? La democracia es paciente.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 11 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.

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miércoles 9 de diciembre de 2009
El misterio fascina por el misterio y el charlatanismo.

Los Pomar ya dejaron de ser un misterio: ya son una certeza. Una tragedia. Cuatro camillas de metal cubiertas con bolsas de plástico en la Morgue. Durante 24 días se tejieron, urdieron, deliraron variadas hipótesis : las más estrambóticas fueron la de un probable rapto extrarrestre o un suceso paranormal ajeno a la razón humana. Se consultaron videntes y brujos en los medios para tantear el mundo desconocido. ¡Se dijeron tantas cosas! Y quienes las dijeron no deben rendir cuentas porque es libre el devenir del pensamiento y libre propagarlo libre de pudor y de complejo de inconsistencia. El auditorio, la platea no reclama por mala praxis periodística mientras el misterio sea entretenido. Se dijo que el señor Pomar era violento, que podía tener deudas peligrosas, que padecía depresión de riesgo, que podría haber atentado contra toda su familia, que podría haber sido secuestrado por una mafia, que podría haber planeado su huída fuera de las fronteras, que podría haber tenido un ataque de celos en el auto y provocado una masacre , enterrado los cadáveres de su familia y él estar oculto en un lugar recóndito. La sospecha de que el auto y sus ocupantes podrían estar sumergidos en el fondo de un río o de un estanque fue de mucha aceptación por el público. ¡Cómo iba a desvanecerse en un viaje toda una familia! Dónde comen, dónde duermen, cómo mantener la clandestinidad y la tranquilidad de las pequeñas. Una urdimbre de suspicacias y rumores y diagnósticos sicológicos y hasta desviaciones presuntas y perversas horadó durante días la intimidad de esa familia ya mortalmente indefensa para desmentir las calumnias a canilla libre. Y de pronto el misterio se devela en una curva del camino. Ahí nomás. Todos muertos, al parecer por accidente. ¿Por qué no los encontraron antes, por qué no rastrillaron esa zona con perros, por qué no pensaron en lo obvio, por qué nadie vio nada en tanto tiempo? Ahora el misterio resuelto da lugar al comienzo de otro misterio: el del desenlace. ¿Es esta la resolución, es ésta la revelación del enigma, hay que creer algo tan probable y tan simple? ¿Cuatro muertos y ya está? ¿No es poco? ¿ Y si hay algo detrás? El público espera más todavía. Por eso acudió en caravana al lugar de la tragedia como quien acude a un destino de peregrinaje o al de un fenómeno. Los medios preferirían que la saga se alargara y agitara en la polémica. El final no les rinde ni les sienta. En tanto, muchos calladamente se ocuparon de buscarlos todo este tiempo; otros, gratuitamente cargaron a la familia con inmerecidas versiones. Éranse “los Pomar”. Si no fuera una herejía yo diría que luce como un sonido literario. Un apellido “borgeano”, lacónico y criollo. Cuánto se dijo y se seguirá diciendo a través de esta historia. No hay nada más fértil que el misterio para hacer crecer el charlatanismo.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 9 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.

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Guarda con el Big Mac
No crean que comer un sandwich de la hamburguesa más famosa del mundo es solo un acto biológico y cultural más o menos placentero. Es más que eso. Ya que una de las claves económicas argentinas está en el Big Mac. La hamburguesa imperial por antonomasia. Los habituales augures ortodoxos acaban de revelar la escandalosa situación por la cual un Big Mac cuesta en la Argentina más caro que en Nueva York. Lo que desnudaría nuestra angustiante situación nutricional e inflacionaria. Su precio aquí es de 3,64 dólares y en EE.UU. 3,57. La exigua diferencia- 2% en contra- igual sirve para teorizar acerca del escándalo de que cómo nosotros vamos a pagar más que un neoyorquino próspero. Como se sabe- o no se sabe-el Big Mac es un índice creado por el semanario inglés The Economist como convención para comparar precios entre los diversos países. Se mide cuanto cuesta en dólares un Big Mac aquí y cuánto allá y se establecen así las diferencias o paridades en relación al nivel de vida. Las personas que no comen Big Mac se joden ya que deben recurrir a comparaciones más complejas. El choripán no sirve para eso porque es un producto de consumo autóctono. Aunque se podría comparar el precio de un choripán en un tenderete rutero, con uno servido con una hebra de eneldo en una parrilla vip de Puerto Madero. La diferencia entre el barato y el caro es de cuatro o cinco veces. Pero volvamos al Big Mac. La elección de la difundida hamburguesa como símbolo de relación económica popular es la prueba de la globalización de la carne picada aglomerada y producida serialmente. También es una forma de comer. O de engullir. O de instigar el terror al ayuno. En toda ciudad que se precie se consumen Big Macs.
Los verdugos de los números y estadísticas ya han registrado que un nicarueguense para comprarse un Big Mac debe trabajar seis horas y media mientras que un japonés solamente diez minutos. En la Argentina basta una hora de empleo doméstico. Yo no entiendo por qué un nicarueguense va ser tan sonso de matarse seis horas y media para comerse un Big Mac en dos minutos. En Islandia, país que hasta hace un año era considerado el modelo de la opulencia liberal, y ya desbarrancado al peor estilo default del radicalismo argentino de 2001, se acaban de cerrar los últimos Mac Donalds. Porque el Big Mac islandés ha subido al precio más alto del mundo: siete dólares, y se ha vuelto inconsumible. Hasta ahora los más caros se venden en Noruega y Suiza donde cuestan casi seis dólares, pero allá los pagan sin darse cuenta. Ya hay aquí torturadores lácteos maliciosos, que se entretienen en alertar que un Big Mac en la Argentina equivale al precio de 11 litros de leche; mientras que en el Brasil equivalen a apenas cinco litros. No sé qué tiene que ver la leche con la carne picada pero todo sirve para todo con tal de taladrar la susceptibilidad del sensible ciudadano consumido por la crueldad kirchnerista.
Ahora llega el verano. No se sabe si en Punta del Este el Big Mac va a costar el doble que en Buenos Aires y Mar del Plata. Pero cueste lo que costare, en Punta del Este el que quiera Big Mac que le cueste. En el mundo, ya hay quienes aburridos del índice de la hamburguesa están creando el índice Ipod. Argumentan que es más fidedigno porque mientras el Big Mac tiene costos de producción distintos según los países, el Ipod solo viene de China. No hay cuentos como los económicos. Y más si son chinos.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 8 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.