domingo, 13 de diciembre de 2009

LAS CARTAS DE BARONE. http://orlandobarone.blogspot.com

Guarda con el Big Mac
No crean que comer un sandwich de la hamburguesa más famosa del mundo es solo un acto biológico y cultural más o menos placentero. Es más que eso. Ya que una de las claves económicas argentinas está en el Big Mac. La hamburguesa imperial por antonomasia. Los habituales augures ortodoxos acaban de revelar la escandalosa situación por la cual un Big Mac cuesta en la Argentina más caro que en Nueva York. Lo que desnudaría nuestra angustiante situación nutricional e inflacionaria. Su precio aquí es de 3,64 dólares y en EE.UU. 3,57. La exigua diferencia- 2% en contra- igual sirve para teorizar acerca del escándalo de que cómo nosotros vamos a pagar más que un neoyorquino próspero. Como se sabe- o no se sabe-el Big Mac es un índice creado por el semanario inglés The Economist como convención para comparar precios entre los diversos países. Se mide cuanto cuesta en dólares un Big Mac aquí y cuánto allá y se establecen así las diferencias o paridades en relación al nivel de vida. Las personas que no comen Big Mac se joden ya que deben recurrir a comparaciones más complejas. El choripán no sirve para eso porque es un producto de consumo autóctono. Aunque se podría comparar el precio de un choripán en un tenderete rutero, con uno servido con una hebra de eneldo en una parrilla vip de Puerto Madero. La diferencia entre el barato y el caro es de cuatro o cinco veces. Pero volvamos al Big Mac. La elección de la difundida hamburguesa como símbolo de relación económica popular es la prueba de la globalización de la carne picada aglomerada y producida serialmente. También es una forma de comer. O de engullir. O de instigar el terror al ayuno. En toda ciudad que se precie se consumen Big Macs.
Los verdugos de los números y estadísticas ya han registrado que un nicarueguense para comprarse un Big Mac debe trabajar seis horas y media mientras que un japonés solamente diez minutos. En la Argentina basta una hora de empleo doméstico. Yo no entiendo por qué un nicarueguense va ser tan sonso de matarse seis horas y media para comerse un Big Mac en dos minutos. En Islandia, país que hasta hace un año era considerado el modelo de la opulencia liberal, y ya desbarrancado al peor estilo default del radicalismo argentino de 2001, se acaban de cerrar los últimos Mac Donalds. Porque el Big Mac islandés ha subido al precio más alto del mundo: siete dólares, y se ha vuelto inconsumible. Hasta ahora los más caros se venden en Noruega y Suiza donde cuestan casi seis dólares, pero allá los pagan sin darse cuenta. Ya hay aquí torturadores lácteos maliciosos, que se entretienen en alertar que un Big Mac en la Argentina equivale al precio de 11 litros de leche; mientras que en el Brasil equivalen a apenas cinco litros. No sé qué tiene que ver la leche con la carne picada pero todo sirve para todo con tal de taladrar la susceptibilidad del sensible ciudadano consumido por la crueldad kirchnerista.
Ahora llega el verano. No se sabe si en Punta del Este el Big Mac va a costar el doble que en Buenos Aires y Mar del Plata. Pero cueste lo que costare, en Punta del Este el que quiera Big Mac que le cueste. En el mundo, ya hay quienes aburridos del índice de la hamburguesa están creando el índice Ipod. Argumentan que es más fidedigno porque mientras el Big Mac tiene costos de producción distintos según los países, el Ipod solo viene de China. No hay cuentos como los económicos. Y más si son chinos.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 8 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.

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