lunes, 15 de febrero de 2010

LAS CARTAS DE BARONE. http://orlandobarone.blogspot.com

viernes 22 de enero de 2010
La irresistible atracción de los niños huérfanos haitianos.


A la embajada Argentina en Haití llueven llamadas de interesados en adoptar niños huérfanos haitianos. Interés conmovedor y solidario que se reproduce por miles en los Estados Unidos, y en variadas proporciones en Canadá, Chile, Brasil, España y en otros lugares del mundo. Francia es el país que más larga tradición tiene de huérfanos haitianos en adopción. Un sitio en la red sirve como guía para iniciar el trámite, de difícil concreción ya que están en suspenso para evitar maniobras en medio del desorden. El infortunio de más de cien mil o doscientos mil niños sobrevivientes, a cuyos padres y familias tragó el terremoto, alienta el deseo por rescatarlos adoptándolos como hijos en países más felices y más prósperos. La demanda transita desde el impulso emocional al sentimiento de solidaridad. Lo cierto es que los huérfanos haitianos se pusieron de moda. Como si esa tendencia imitara la de tantas estrellas de Hollywood con vocación de madres y padres adoptivos de criaturas de dolor lejano y exótico. Una intensa oferta de piedad surge desde distintas geografías con destino hacia esa isla largamente olvidada. Personas solas, parejas estables, padres con hijos biológicos buscan anotarse en una creciente lista de solicitantes de huérfanos haitianos. Aunque ya antes del desastre había casi cuatrocientos mil que ni soñaban esperar padres adoptantes. Hoy es diferente. Cunde una corriente de socorro que inspira el entusiasmo humanitario y ubica a los huérfanos haitianos en el primer puesto de la demanda filial internacional superando a las demandas tradicionales de niños africanos o asiáticos. Latinoamérica ha sido siempre un tentador orfanato y de buen marketing; y la Argentina dispone de un abundante reservorio de miles de huérfanos que suelen esperar en institutos y asilos hasta adultos sin haber interesado a nadie. Algunos son devueltos a los asilos después de un período de prueba donde los adoptadores se arrepienten por motivos que mejor es ignorar. No hay que ser mal pensado. Alivia más creer que un huerfanito criollo, un morochito norteño no compiten con un negrito haitiano en la puja de adopción. Que son iguales. Que no se privilegia el exotismo para lucir maternalmente en Punta del Este en verano. O para demostrar que padres rubios ricos se dan la libertad de criar a un hijo negro pobre. Y para qué sospechar banalidad, preferencia étnica, o teatralidad filantrópica, en algo tan humanamente dramático como adoptar a un niño huérfano. Tampoco habría que conmoverse por ellos solo cuando hay un terremoto. En tanto en geriátricos destruídos, cientos de ancianos se resignan a ser los últimos en atraer algún interés solidario. UNICEF, más dramáticamente, advierte que tras este aluvión adoptivo acecha el tráfico de niños. Tan brutal como el tráfico sería que los huérfanos haitianos se convirtieran en moda.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 22 de Enero de 2010 en Radio del Plata.

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