lunes 2 de noviembre de 2009
180 pesos, mucho, y nada
La periodista Sandra Russo, expresamente satírica, comparó la asignación por hijo de 180 pesos con el precio de una camisa en una boutique de Alto Palermo. Y estaba significando el significante. Aporto más comparaciones: 180 pesos son la mitad de lo que cuestan unas zapatillas de marca; es el precio de la pelota de fútbol penalty No.5 termosellada, o el de una camiseta de la selección argentina con licencia garantida por la AFA. Con 180 pesos es difícil conseguir una entrada cerca para ver el recital de una banda de moda o para comprar un skate con ruedas de silicona. Tampoco alcanzan , salvo en oferta, para conseguir un disfraz de chica gótica con capa de red o un MP3, 4, y 5 con pantalla táctil. Curiosamente es el precio de un corralito Bebesit no de lujo. Con 180 pesos se pueden comprar solo cuatro libros juveniles de escritores importados famosos y si se quiere festejar el cumpleaños en Mc Donald’s no se puede invitar más que a seis chicos y con menú restringido. Para un adulto bien incluido de clase media, sea urbano o campestre, 180 pesos es el estándar para una comida de dos en un restaurante gourmet; y solo cubren una semana de amarra de un barquito en un embarcadero. Unas botas estilo campo “vip” cuestan el doble o el triple. Algo hicieron mal los adultos para presumir que la modestísima asignación por hijo es un salvataje oportuno. Y hasta compiten por su autoría original como si se tratara del vellocino de oro y algunos objetores se plantean suspicacias de ilusorio perfeccionismo No se afanan los ricos de la misma manera para ofrecerse a pagar más impuestos a la riqueza, los legisladores y funcionarios no se privan de los aumentos de sueldos, los altos puestos gerenciales y los directorios de las empresas no se plantean una reducción de sus beneficios, la educación religiosa y la privada no se preguntan acerca de si se justifican los subsidios que reciben ,y los que ponen cara de compasión cuando en la pantalla “palabrerizan” solemnemente la pobreza no se demuestran a si mismos- estén o no bronceadas- que la tocan con la mano real y no con la de la teoría. Acuérdense cómo tantos berrean cada vez que les aumentan las expensas, como si en el nivel de ingresos de los propietarios de pisos, autos nuevos y cocheras, se tratara de una exacción que los condenara al hambre. No soy original: estoy de acuerdo con la ayuda de emergencia desde el Estado. Es un derecho, es moral, social e ideológica. No tengo “peros”. Hay quienes los tienen. Los “peros” son el recurso histérico del que no encuentra orgasmo colosal que le siente. Bastante “pero” es ser un chico pobre, para ponernos a tratar de refinar el concepto y el estilo cuando las madres necesitadas ya están en la fila de espera degustando lo que creen una fortuna. Los chicos beneficiados no necesitan preguntarse qué significan 180 pesos. Ya lo harán cuando sean grandes y ojalá no se equivoquen. No tendrán nada que agradecer, pero sí saber en dónde no hay que buscar al enemigo. Mientras tanto, para esos apócrifos humanistas sociales que se pavonean por ahí, les convendría anotarse que 180 pesos es lo que cuesta un sauna con masaje en un hotel del centro y un servicio normal en la peluquería de Giordano.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario