martes 17 de noviembre de 2009
El negocio mayorista de los espías
Ciro James, como su nombre lo indica no nació para espía. Si no James, en lugar de apellido hubiera sido nombre. La alteración bautismal disminuye el resultado. Pero un espía en escala menor igual espía. Aquel del mítico James Bond es un rango alto de espionaje y no es este el caso. Ya que el diseño porteño de los espías es de oferta y conlleva la maldición del fraude, el papelón y el fracaso. Luce como una noche de Halloween donde las máscaras solo esconden las caras por un rato y después las deschavan. Pero de pronto hay una vuelta de tuerca que aviva la torpeza. Ya que a la obstinación del Gobierno de la ciudad por tener éxito en negar pruebas y evidencias la abochorna ahora la computadora de Chamorro. El supuesto espionaje a Rodríguez Larreta, acaba de incluir a uno de los principales hombres del mismo gobierno sobre el que pesa la sospecha. Entonces se podría especular dócilmente que si están espiando a Larreta es que el espionaje responde a otros empleadores no al inocente gobierno de Mauricio Macri. Porque nadie iría a pagar para que lo espíen a él mismo sin su consentimiento. Además aprovechando el espionaje mayorista el escuadrón PRO espía a todos sin distinción de bloque ni de credo. Y por ahí mañana podría descubrirse que el James trucho y el Chamorro informático se espiaban uno al otro por adicción incontinente. Es que cuanto más espiados se amontonen en la lista más confusión hay y más intrincado e inabarcable se vuelve el espionaje. La CIA “PRO” nos entretiene con un elenco rufianesco donde a cada rato surge un personaje que espía al otro y así sucesivamente hasta cubrir una gran parte de la guía telefónica. Lo que no se puede entender es qué habría que espiar que ya no se sepa. Si en Face book está todo y voluntariamente. Y hasta los celulares y computadoras tienen el ADN de sus propietarios, y de sus amantes, y hasta del alimento que le dan a sus caniches. El caso histórico más legendario de espionaje y ataque, fue el caballo de Troya. Que hizo arder Troya cuando los soldados escondidos espiaron desde adentro del caballo de madera que los troyanos estaban dormidos y salieron a despertarlos a cuchillo. Aquí el caso trucho más parecido es el de Cleto Cobos, escondido en una parva de soja que salió de su escondrijo para votar en contra del Gobierno con información furtiva. Pero comparados a la leyenda contada por Homero, y a la del personaje de Ian Flemming, estos espionajes no alcanzan para entrar en la historia, sino en el comic. Es una pena que den para reírse. Pensar que los entusiastas votantes del gobierno de la ciudad estaban tan contentos.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 17 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.
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